EGLOGA

Fanio.Delio.Liria.

LIRIA

Floridos campos, llenos de belleza,
en cuya hermosura, sitio y traza,
gran estudio mostró Naturaleza.
En vosotros se halla espessa caza
de aves, bestias y animales fieras,
y tanta flor y fruto, que embaraza.
En vosotros, majadas y praderas,
donde se ven ganados abundosos
y en medio los inviernos, primaveras.
No faltan los pastores querellosos,
que forman al Amor quexas sin cuento,
y otros, regocijados, venturosos.
Unos, al ejercicio dan su intento,
cuál corre, salta, tira, lucha ó canta,
cuál en los huertos pone su contento.
Aquél enxiere, siembra, poda ó planta,
otros con su ganado se recrean,
viendo desde las sombras copia tanta.
Mira los cabritillos que pelean,
y después á sus madres van buscando,
que con ubres pesadas los desean.
Allí ve sus zagales ordeñando;
allí las cabras que la nueva hoja
no con poca codicia van buscando.
Una al agua parece que se arroja,
otra en lo mas espesso está mordiendo,
que el rigor de la zarza no la enoja.
Luego ve la ovejuela, que paciendo,
apoca simplemente lo que halla,
lo más dificultoso no queriendo.
Y si Orión se mueve á dar batalla,
permite que el pastor pueda avisarse
y con flacos ingenios mitigalla.
Veréis á los carneros alegrarse;
veréis las hormiguillas polvorosas,
ciegas, unas con otras encontrarse.
Las ánades bañarse presurosas,
y lamerse al revés el buey el pelo,
y pacer las becerras más golosas.
Cuervos, grajas, cornejas para el cielo
suben y bajan luego con ruido,
y tornan para arriba con su vuelo.
Oyese en las lagunas el sonido
de las cantoras ranas en más grado
que en el sereno tiempo le han tenido.
Vese de blancas aves ayuntado
más número que suele en valle ó sierra,
y el cabrío dormir más apretado.
Escarba la ovejuela por la tierra,
y la golondrinilla á la corriente,
con pobres alas hace flaca guerra.
Al fin esto se passa brevemente,
y en tanto, en la abrigada cabañuela,
arropado el pastor poco lo siente.
Después que nieva, que ventisca y hiela,
el nuevo sol su claridad extiende,
con que el mundo afligido se consuela.
Después, cuando á bañarse al mar deciende,
hallándose en la noche escura y fiera,
con las anchas hogueras se defiende.
Todo se acaba en dulce primavera
después que, fenecida esta contienda,
llena de paz el cielo la ribera.
Y contra el sol, en monte, en valle, en senda,
los árboles, ó en selva ó bosque ameno,
no sufren que su lumbre al suelo ofenda.
Con el frescor de su confuso seno,
la altiva haya y el ciprés frisado,
con cuerpo assaz de duro fruto lleno;
El laurel siempre verde, preservado
de la ira del cielo, y el espino
de más puntas que hojas adornado.
Con su rebelde fruto ayuda el pino,
aguda hoja y enredado saco,
del pacífico olivo de contino.
No se precia, entre todos, de más flaco,
ni el olmo que á las nubes se avecina,
con la planta gentil del libre Baco.
Allí se extiende la robusta encina,
con sus antiguos brazos y el precioso
cidro, que á todos su cabeza inclina.
Y el pobo y el castaño, alto, ñudoso,
con las soberbias frentes acopadas,
uno en corteza feo, otro hermoso.
Las ricas palmas de hojas espinadas,
triunfante premio de gloriosa estima,
con los racimos de oro coronadas.
La que defiende con la espessa cima
que no caliente Febo el agua clara,
en pago, el agua al tronco se le arrima.
No se podrá decir que le es avara,
que si el agua no pierde, el tronco gana,
ella le da frescor cuando él la ampara.
Siembra el manzano la postrer manzana,
siembra el racimo la noguera fría,
el jazmín nieve y el madroño grana.
¿Hay mas beldad que ver la pradería
estrellada con flores de las plantas,
que van mostrando el fruto y la alegría?
Donde, con profundíssimas gargantas,
las tiernas avecillas estudiosas
están de señalar cuales y cuántas.
Allí veréis pastoras más hermosas
(no con maestra mano ataviadas),
que las damas en Cortes populosas.
Allí veréis las fuentes no tocadas
distilando, no agua al viso humano,
mas el cristal de piedras variadas.
Allí veréis el prado abierto y llano,
donde los pastorcillos su centella
descubren al Amor, furioso, insano.
Este, de su pastora se querella;
aquél de sí, por que miró la suya;
el otro, más grossero, se loa della.
No hay quien por defeto se lo arguya,
ni quien de rico ponga sobrecejo,
ni quien á los menores dexe y huya.
En el prado se oye el rabelejo,
la zampoña resuena en la floresta,
en la majada juegan chueca ó rejo.
Pues qué ¿venido el día de la fiesta,
hay gusto igual que ver á los pastores
haciendo á las pastoras su requesta?
Uno presenta el ramo de las flores,
y cuando llega, el rostro demudado,
otro dice suavíssimos amores.
Uno llora, y se muestra desamado;
otro ríe, y se muestra bien querido;
otro calla, y se muestra descuidado.
El uno baila, el otro está tendido;
el uno lucha, el otro corre y salta,
el otro motejado va corrido.
En esta dulce vida, ¿qué nos falta?
y más á mí que trato los pastores,
y cazo el bosque hondo y la sierra alta,
Con arco, perchas, redes y ventores,
ni basta al ave el vuelo presuroso,
ni se me van los ciervos corredores.
Este sabuesso era un perezoso,
y ya es mejor que todos: halo hecho
que, como mal usado, era medroso.
Tiene buen espinazo y muy buen pecho
y mejor boca: ¡oh pan bien empleado!
toma, Melampo, y éntrete en provecho.
Quiérome ya sentar, que estoy cansado;
¡oh seco tronco, que otro tiempo fuiste
fresno umbroso, de Ninfas visitado!
Aquí verás el galardón que hubiste,
pues te faltó la tierra, el agua, el cielo,
después que este lugar ennobleciste.
Assí passan los hombres en el suelo;
después que han dado al mundo hermosura,
viene la muerte con escuro velo.
Ya me acuerdo de ver una figura
que estaba en tu cogollo dibujada,
de la que un tiempo me causó tristura.
Estaba un día sola aquí sentada;
¡cuán descuidado iba yo de ella,
cuando la vi, no menos descuidada!
Puse los ojos y la vida en ella,
y queriendo decirla mis dolores,
huyó de mí, como yo ahora della.
Por cierto grande mal son los amores,
pues al que en ellos es más venturoso,
no le faltan sospechas y temores.
Igual es vivir hombre en su reposo.
¿Quién es aquel pastor tan fatigado?
Debe de ser Florelo ó Vulneroso.
La barba y el cabello rebuxado,
la frente baxa, la color torcida.
¡Qué claras señas trae de enamorado!
¿Es por ventura Fanio? ¡Qué perdida
tengo la vista! Fanio me parece.
¡Oh Fanio, buena sea tu venida!

FANIO

Amado Delio, el cielo que te ofrece
tanta paz y sossiego, no se canse,
que solo es bien aquel que permanece.

DELIO

Aquesse mismo, Fanio mío, amanse
el cuidado cruel que te atormenta,
de suerte que tu corazón descanse.
He desseado que me diesses cuenta,
pues que la debes dar de tus pesares
á quien contigo, como tú, lo sienta.
Y quiero, Fanio, por lo que tratares
perder la fe y el crédito contigo,
cuando en poder ajeno lo hallares.
Sabe que al que me ofrezco por amigo,
la hacienda pospuesta y aun la vida,
hasta el altar me hallará consigo.

FANIO

Delio, tu voluntad no merecida
no es menester mostrarla con palabras,
pues en obras está tan conocida.
Pero después que tus orejas abras,
más lastimosas á escuchar mi duelo
en un lenguaje de pastor de cabras,
Ni á ti podrá servirte de recelo,
pues ya tienes sobradas prevenciones,
ni á mí de altivo en tanto desconsuelo.
Y no son de manera mis passiones
que se puedan contar tan de camino,
que aunque sobra razón, faltan razones.