CARTA
La libertad ganada,
porque en tan buena empresa va perdida;
la voluntad prendada,
el alma enriquecida,
viéndose en su servicio de partida,
Indignas de llamarte,
sin tu licencia, el nombre de señora,
vienen á suplicarte
que se la des ahora,
y cada cual se llamará deudora.
Recibe por cautivas
las que este nombre en su sepulcro escriben;
verás, si no te esquivas
y tal merced reciben,
cómo en mí solo mueren, en ti viven.
Inclina á mis cansadas
razones tus orejas, por ventura;
no sean despreciadas
en afición tan pura
las mismas obras de tu hermosura.
Al fin mi fe y mi pena,
pues de ti nacen, tuyo será el cargo,
y aquí cesse la vena
de estilo tan amargo,
corto en hablarte y en pedirte largo.
LIRIA
La carta está tan buena que, aunque pruebe
de mil maneras, no sabré loalla,
porque es, en fin, compendiosa y breve.
FANIO
¿Parécete que puedo aventuralla?
LIRIA
Paréceme que pierdes de ventura
lo que te detuvieres en cerralla.
FANIO
¿Parécete que llegará segura
de que puedan culparme de arrogante?