Pero la que sigo es al revés.
Puso por precio un cuerno de hierba ballestera, y Sileno un carcax con seis saetas, y licencia para hacer un arco el que ganasse. Corrieron sus lanzas Licio y Uranio, y las cinco fueron con tanta gallardía, que á todos dieron contento; pero á la sexta, como la yegua de Uranio llevaba la cabeza cubierta, tropezó y dió con el osso una gran caída: perdió el precio, pero diósele un vaso de agua, y tornando á subir algo corrido se puso á un cabo.
Luego entró Siralvo en una yegua overa, vestido de caza, de una tela blanca y verde, por toda ella sembrada de FF y SS; de las FF salian unos lazos que en muchos ñudos enredaban á las SS, y la letra:
De ti nacieron los lazos,
y de mí
la gana de verme anssí.
Puso por precio doce cintas de colores, con cabos blancos, y Sileno dos cenogiles de lo mismo. Corrieron Liardo y Siralvo, sin haber ventaja entre ellos; pero como ya dos aventureros habían perdido, quiso Sileno animar á los demás, y juntamente hacer lisonja á Mendino y dióle el precio á Siralvo: el cual, mirando á quién pudiesse darle, vido llegar á la enramada de las ninfas un pastor muy flaco, vestido de un largo sayo de buriel, en un rocín que casi se le veían los huessos, y á las ancas traía otro pastor en hábito de vieja, ambos con máscaras feíssimas; y llegándose á ellos, les dió los cenogiles y las cintas.
Los cuales á la hora los presentaron á Sileno y pidieron campo. Sileno se lo atorgó, y señaló contra sus precios una bola de acero bruñida, que servía bastantemente de espejo, y llegados al puesto, el pastor disfrazado quiso suplir la falta que había de padrinos en esta fiesta, y hasta la media carrera le llevaba la vieja la lanza: allí la tomaba él y en corriendo se la tornaba á dar; la gracia de las lanzas era muy conforme al talle, y la risa de las ninfas y pastores no cessaba; al fin, por pagalles el contento, Licio pidió al juez que les diesse los precios, y preguntándoles las ninfas si traían letra, sacó la vieja un papel y diósele. Entre los pastores no se supo lo que decía, entre ellas, basta que fué bien solenizado con risa y colores en algunas.
Aquí llegó Filardo en una yegua alazana de hermoso talle; traía vestido sobre jubón y zarafuelles blancos, sayo y calzones de grana fina, caperuza verde, y en ella un manojo de espinas, y con un ramo de oliva, que salía de entre ellas, y la letra:
Mi guerra produxo espinas,
mas Amor
mi paz les puso por flor.
Dió por premio un caramillo de siete puntos, y contra él Sileno una flauta de trece. Corrió Liardo la primera lanza, en que llevó la sortija. Siguióle Filardo de la misma arte; á la segunda, Liardo tocó en ella y derribóla; lo mismo hizo Filardo, y á la tercera Liardo no llevó tal lanza como las passadas; pero Filardo la aventajó á todas, y assí Sileno le dió el precio, y él á Silvia, que con el deseo le tenía comprado.
A la hora oyeron gran ruido de instrumentos y voces, y vieron llegar una ancha cuba, sobre secretas rodajas, tirada con cuerdas de cuatro máscaras, con rostros de gimios y pies de sátiros; venía enramada toda, y encima un pastor sentado, con carátula ancha y risueña, los brazos desnudos, los pechos descubiertos, y en su cabeza una guirnalda de pámpanos llenos de uvas y hojas, en una mano una copa y en otra un odre; alrededor dél, con las mismas coronas y alegria, venían muchos hombres y muchachos, que torciendo llaves, del vientre de la cuba sacaban vino, henchían vasos y derramaban los unos sobre los otros. No faltaba quien también tañesse chapas, albogues, bandurrias y churumbelas y otros instrumentos más placenteros que músicos; todos generalmente se alegraron con la buena venida del fingido Baco, y llegando á Sileno le dió esta letra: