INTERLOCUTORES
Licenciado Velázquez.—Salazar.
Quiñones.—Ruiz.
Ruiz.—¿A dónde bueno, señor Quiñones?
Quiñones.—Hacia el monasterio de San Jerónimo, á gozar un rato del fresco de la tarde y de la buena conversación del licenciado Velázquez; porque él y Salazar ha poco que iban para allá cabalgando, y yo mandé luego aderezar mi caballo para salir á buscarlos.
Ruiz.—Si vuesa merced me lo paga, acompañarle he yo, porque no vaya solo.
Quiñones.—Antes merezco que se me pague á mí el buen aviso, que no veo adonde mejor se pueda pasar el día.
Ruiz.—En fin, lo habré de hacer aunque pensaba dar una vuelta por cierta parte que me convenía.
Quiñones.—Tiempo habrá para todo, que agora no está para perderse la frescura del campo. Por este camino creo que iremos más ciertos de encontrar con ellos.
Ruiz.—Antes me parece que son aquéllos que vienen entre las viñas; aquí podremos esperarlos si vuesa merced manda.
Quiñones.—Bien será, porque nos vamos paseando hacia la ribera del río.