—Pamplona, 1608 (Catálogo de Sora).
Aribau reimprimió el Sobremesa, pero no íntegro, en el tomo de Novelistas anteriores á Cervantes (3.º de Autores Españoles). Sigo la numeración de loa cuentos en esta edición, por ser la más corriente.
[86] Boccaccio and the «Decameron» in castilian and catalan literature, pp. 129, 133, 145.
[87] «Juan de Ayala, señor de la villa de Cebolla, voló una grulla: su cocinero la guisó, y dió una pierna de ella á su mujer. Sirviéndosela á la mesa, dixo Juan de Ayala: «¿Y la otra pierna?» Respondió el cocinero: «No tenia más de una, porque todas las gullas no tienen sino una». Otro dia, Juan de Ayala mandó ir á caza al cocinero; y hallando una bandada de grullas que estaban todas en un pie, dixo el cocinero: «Vea v. md. si es verdad lo que dixe». Juan de Ayala arremetió con su caballo, diciendo: «ox, ox». Las grullas volaron y estendieron sus piernas, y dixo: «Bellaco, mira si tienen dos piernas ó una». Dixo el cocinero: «Cuerpo de Dios, señor, dixérades «ox, ox» á la que teníades en el plato, y entonces ella extendiera la pierna que tenia encogida». (Floresta Española, ed. de Madrid, 1790, p. 73).
Casi en los mismos términos, pero sin atribuir la anécdota á persona determinada, se refiere en los Cuentos de Garibay, y de allí la tomó probablemente Santa Cruz. (Sales Españolas, de A. Paz y Melia, tomo II, pág. 61).
[88] Es la que comienza:
Huvo un cierto mercader
Que en Valladolid vivia,
El qual mercader tenia
Una hermosa muger...
(Romancero General, Madrid, por Luis Sanchez, 1600, fol. 344-345 vto.)
[89] «Quiero deziros en breves palabras una novela, que quando niño me acuerdo que me contaron. Un Rey que huvo en los tiempos antiguos, de cuyo nombre no tengo memoria, tuvo un criado que le sirvió muchos años con aquel cuidado y fidelidad que tenia obligacion, y viéndose ya en la vejez y que otros muchos que no avian servido tanto tiempo, ni tan bien como él, avian recevido grandes premios y mercedes por sus servicios, y que el solo nunca avia sido galardonado, ni el Rey le avia hecho merced ninguna, acordó de yrse a su tierra y passar la vida que le quedava en grangear un poco de hazienda que tenia. Para esto pidió licencia, y se partió, y el Rey le mandó dar una mula en que fuesse: y quedó considerando que nunca avia dado nada aquel criado suyo, y que teniendo razon de agraviarse, se yva sin averle dicho ninguna palabra. Y para experimentar más su paciencia invió otro criado suyo que haziendose encontradizo con él fuese en su compañia dos o tres jornadas y procurase de entender si se tenia por agraviado; el criado lo hizo assi y por mucho que hizo nunca pudo saber lo que sentia, mas de que passando por un arroyo la mula se paró a orinar en él, y dandole con las espuelas, dixo: «Harre allá mula de la condicion de su dueño, que da donde no ha de dar». Y passado de la otra parte, aquel criado del Rey que le seguia sacó una cedula suya, por la qual le mandava que se bolviesse, y él lo hizo luego. Y puesto en la presencia del Rey (el qual estava ynformado de lo que avia dicho) le preguntó la causa que le avia movido decir aquello. El criado le respondió diciendo: «Yo, señor, os he servido mucho tiempo lo mejor y más lealmente que he podido, nunca me aveis hecho merced ninguna, y a otros que no os han servido les aveis hecho muchas y muy grandes mercedes, siendo más ricos y que tenian menos necessidad que yo. Y assi dixe que la mula era de vuestra condicion, que dava donde no avia de dar, pues dava agua al agua, que no la avia menester, y dexava de darla donde avia necessidad della, que era en la tierra». El Rey le respondió: «¿Piensas que tengo yo toda la culpa? La mayor parte tiene tu ventura, no quiero dezir dicha o desdicha, porque de verdad estos son nombres vanos, mas digo ventura, tu negligencia y mal acertamiento fuera de sazon y oportunidad. Y porque lo creas quiero que hagas la esperiencia dello». Y assi lo metió en una camara, y le mostró dos arcas yguales, ygualmente adereçadas, diziéndole: «La una está llena de moneda y joyas de oro y plata, y la otra de arena: escoge una dellas, que aquella llevarás». El criado despues de averlas mirado muy bien, escogió la de la arena. Y entonces el Rey le dixo: «Bien as visto que la fortuna te haze el agravio tan bien como yo, pero yo quiero poder esta vez más que la fortuna», y assi le dió la otra arca rica con que fue bienaventurado».
Los colloquios satíricos... hechos por Antonio de Torquemada... 1553 (Mondoñedo), fols. IV y V.