Porque al fin como me olvidas,
No te ofendas de mi amor:
Que alguna vez tu rigor
Vendrá a tomar por partido
Amar en lugar de olvido;
Y si has de aborrecer,
Más quiero, Lauro, no ser,
Que aborrecida haber sido.
No sabré decir si lo que más agradó a los oyentes fue la suave voz de Marcela o los versos que cantó: finalmente, a todo dieron alabanza, pues aunque las décimas no eran las más cultas, ni más acendradas, el donaire de Marcela les dio tanta sal que supliera mayores faltas; y porque mandaba doña Isidora a Inés que bailase con Agustín, le previno don Marcos que fenecido el baile volviese a cantar, pues lo hacía divinamente, lo cual Marcela hizo con mucho gusto, dándosele al señor don Marcos con este romance:
Ya de mis desdichas