Si no es mi tormento eterno.

Pues de mis desdichas

El colmo veo,

Y en ajenos favores

Miro mis celos.

Quiérote bien, ¡qué delito

Para castigo tan fiero!

Pero tú te desobligas,

Cuando ya obligarte pienso.

¿Quién creyera que mis partes,