Quiso regalarla, mas no le fue permitido, porque doña Beatriz no quiso recibir un alfiler: el mayor favor que le hacía, a ruegos de sus criadas (que no las tenía el granadino mal dispuestas, porque lo que su ama regateaba el recibir ellas lo hicieron costumbre, y así no le desfavorecían en este particular su cuidado), era, cuando ellas le decían que estaba en la calle, salir al balcón, dando luz al mundo con la belleza de sus ojos; y tal vez acompañarlas de noche por oír cantar a don Fadrique, que lo hacía diestramente.
Y una, entre muchas, que le dio música, cantó este romance que él mismo había hecho, porque doña Beatriz no había salido aquel día al balcón, enojada de que le había visto en la iglesia hablar con una dama.
En fin, él cantó así:
Alta torre de Babel,
Edificio de Nembrot,
Que pensó subir al cielo,
Y en un grande abismo dio.
Parecen mis esperanzas,
Que según atendí yo,
Al cielo de mis deseos,