Pues con gusto las desprecias.

Podrás tomar por devoto,

Para alivio de tus penas,

Al glorioso san Ginés,

Que es de tu Nise la iglesia.

Con esto pido al amor,

De tu inconstancia se duela.

Dios te guarde. De mi casa,

La que tu gusto desea.

—No hay mucho que temer a este enemigo —dijo acabando de leer el papel don Fadrique—, porque muestra estar más rendida que furiosa. La mujer escribe bien, y si como decís es tan hermosa, hacéis mal en no conservar su amor hasta coger el premio de él.