A tus mejillas, pues quedan

A su encarnado vencidas,

A su hermosura sujetas?

¿Qué rubíes con esos labios?

Sin duda, zagala, que eran

Con los fines de tu boca

Falsos los de tu cabeza.

Tus palabras son claveles,

Y tus blancos dientes perlas,

De las que llorando el alba,