Luceros, rosas, azucenas,

Cielos, estrellas, rubíes,

Claveles, jazmines, perlas:

Todo en vuestra presencia

Pierde el valor,

Y sin belleza queda.

¿Qué pincel ni qué pluma

Harán de tal belleza

Breve suma?

Encarecieron doña Ana y su prima la voz y los versos de don Fadrique; y más doña Violante, que como se sintió alabar, empezó a mirar al granadino, dejando desde esta tarde empezado el juego de la mesa de Cupido, y don Fadrique tan aficionado y perdido que por entonces no siguió la opinión de aborrecer las discretas y temer las astutas, porque otro día antes de ir con don Juan a la casa de las bellas primas, envió a doña Ana este papel: