Sucedió que una noche de las muchas que a don Diego le amanecía a las puertas de Laura, viendo que no le daban lugar para decir su pasión, trajo a la calle un criado que con un instrumento fuese tercero de ella, por ser su dulce y agradable voz de las buenas de la ciudad, procurando declarar en un romance su amor y los celos que le daba un caballero muy querido de los hermanos de Laura, y que por este respeto entraba a menudo en su casa.

En fin, el músico, después de haber templado, cantó el romance siguiente:

Si el dueño que elegiste,

Altivo pensamiento,

Reconoce obligado

Otro dichoso dueño;

¿Por qué te andas perdido,

Sus pisadas siguiendo,

Sus acciones notando,

Su vista pretendiendo?