Si su dueño dijera:

De ti lástima tengo.

Mira tu dueño, y miras

Sin amor a tu dueño,

Y aun este desengaño,

¿No te muda el intento?

A Tántalo pareces,

Que el cristal lisonjero,

Casi en los labios mira;

Y nunca llega a ellos.