Que en vuestra posada hay dueño
Que quiere en todo mandar;
¿Ya qué tenéis que aguardar,
Si vuestro dueño os despide,
Y en vuestro lugar recibe
Otra alma que más estima,
No veis que en ella se anima,
Y con más contento vive?
¡Oh cuántas glorias perdidas
En esa casa dejáis!