Ajena toda el aldea
De tu suprema deidad?
Pues las noches... ¡ay de mí!
Amparadme, voluntad,
Que solo en su valentía
Tiene defensa mi mal.
Detente, mi amado dueño,
Mas no me quiero quejar,
Que no quiero detenerte,
Si con tu gusto te vas.
Ajena toda el aldea
De tu suprema deidad?
Pues las noches... ¡ay de mí!
Amparadme, voluntad,
Que solo en su valentía
Tiene defensa mi mal.
Detente, mi amado dueño,
Mas no me quiero quejar,
Que no quiero detenerte,
Si con tu gusto te vas.