Cuéntala tu fatiga:

Y como amor tu ingratitud castiga,

Habla, no estés tan mudo,

Podrá el temor lo que amor no pudo.

No goce de su amante

La verde yedra, de su cuello asida,

Pues que la fe inconstante

De aquel dueño querido de mi vida,

Ya se pasa a otro dueño,

Con que de morir mi palabra empeño,