Que es la pena del infierno.

Ya su sol se va a otro oriente,

Y a mí, como a ocaso negro,

Quedándome sin su luz,

¿Para qué la vida quiero?

Mas si tengo de morir,

Amor, ¿para qué me quejo?

Que pensarás que descanso,

Y no descanso, que muero.

Ya me venda amor los ojos;