Que un manso y cristalino arroyo riega,
Adonde entretenido
Vio a Jacinto en Isbella divertido.
Detuvo un poco el paso,
Y oyó cómo Jacinto le decía:
Zagala, yo me abraso,
Sosiegue tu favor la pena mía;
Las manos le tomaba
Y con tiernos suspiros la besaba,
E Isbella le decía: