La clase de mujeres á que me refiero anhela inspirar pasiones, pero con la decidida intencion de burlarse de esas pasiones: ansian siempre lo imposible, y el hombre que más estimasen, el que les fuese más agradable, le desdeñarian si le viesen realmente apasionado de ellas.
Estas mujeres temibles quieren dominar en general al sexo que llamamos fuerte; su anhelo no es de amor, sino de dominio; su afan no es de afecciones ni de ternura, sino de homenajes; el cariño las fatiga y las aburre, y no se libra de sus tiros ni el honrado y ejemplar padre de familia; si hay en ellas alguna capacidad para el sentimiento, tal vez alcanza á interesarlas el que más resiste á sus manejos y á sus avances, como dicen nuestros vecinos los franceses.
II.
La coquetería y el coquetismo se confunden generalmente, y no obstante, son muy diferentes: la primera la sienten todas las mujeres desde que despunta la luz de su razon, y algunas veces no las abandona hasta el sepulcro: el segundo no se siente, se ejerce; porque léjos de ser un sentimiento, es un sistema calculado y sujeto á reglas.
El coquetismo, y no la coquetería, es lo que hace las coquetas; porque el coquetismo lo ejercen únicamente las mujeres de corazon frio y de poco elevados sentimientos.
La coquetería es conveniente: constituye el principal encanto de la mujer, y necesita conservarla para su felicidad, porque la coquetería es una especie de conocimiento de su propio mérito, que la induce á realzarlo en cuanto puede con mil graciosos é inocentes recursos; puede decirse que la coquetería es un deseo constante de agradar.
Hay algunas mujeres dotadas de encantadora coquetería en su juventud; todo participa de ella; sus acciones, su traje, sus palabras, y hasta sus menores movimientos; su más vivo deseo es complacer; y yo encuentro en esa constante ocupacion del placer de los demas algo de generoso y tierno.
Su coquetería las hace siempre amables y dulces: su coquetería las inclina á cultivar todo género de habilidades, y á presentarse, áun en familia, bien y elegantemente prendidas: su casa está siempre cuidada con esmero, y en la colocacion de los muebles, en los pliegues de las cortinas, en la fisonomía general que presenta su domicilio, se ve ese anhelo de complacer que cautiva todas las voluntades.
No, no es la coquetería lo que hace las coquetas; porque la coquetería, la amable y graciosa coquetería se emplea tambien con éxito para alcanzar las simpatías de nuestro sexo; coqueterías son los mil pequeños servicios que una mujer puede prestar á otra para captarse sus simpatías.
¡Cuántas cosas que parecian imposibles ha conseguido una dulce mirada, una palabra amable, una frase dicha á tiempo, y dicha con deseo de agradar!