Estas bebidas, dignas de las mesas de los reyes, se suceden en un opulento desórden; el caso es deslumbrar á los convidados, que envidian no poder hacer otro tanto. ¿Qué importa el precio de esta satisfaccion?

III.

Estos hechos son desgraciadamente de una autenticidad indiscutible, y estos hechos ¡ay! acusan un desórden crónico y profundo que podria llegar á ser incurable, porque no hiere sólo al alma, hiere tambien la economía social y lleva inevitables y crueles perturbaciones al seno de las familias.

Este cuadro de delicias y de locos gastos, dibujados por mi débil pluma en las más altas regiones de la sociedad, tiene sus copias cada dia más numerosas en la clase media; el mal lo invade todo, y de él nace esa sed de especulaciones temerarias, esa fiebre de agiotaje, que es tambien uno de los rasgos característicos de la época: hay necesidad de improvisar recursos y de encontrar en la especulacion el dinero que no da ni el patrimonio, ni tampoco el trabajo; ese otro patrimonio de la honradez y del decoro.

Mas ¡ay! la fortuna ciega suele recoger lo que ha dado, y despues de haber dejado saborear las alegrías peligrosas de una riqueza ficticia, hace parecer más amarga la pena de una ruina demasiado positiva.

Una sola cosa puede traer al mundo social una reaccion provechosa; el amor, es decir, la mujer. Tenemos en la naturaleza un tipo encantador: la jóven, la hija de familia; ella trae á la existencia real su frescura nativa, su dulce brillo, su gracia inocente; el corazon se dilata á la vista de esa primavera de la vida. Cuando se aproxima, se serenan como por encanto las tormentas del alma; los ménos buenos temen turbar la atmósfera de calma y de serenidad que rodea su inocencia; cada uno se vuelve mejor cuando está á su lado.

¡Jóvenes amigas mias! Á vosotras, y sólo á vosotras, toca traer el remedio con vuestras inocentes manos para esta llaga inmensa; casaos con el alma enamorada y no por cálculo ó por interes; y si amais de véras á vuestros esposos, no les pediréis un lujo desenfrenado y loco; os avergonzaréis de esa lucha con las demas mujeres y de esas exigencias que se tragan el sosiego y se pueden tragar el honor de la familia.

El desenfreno de que Francia ha dado tan largo y triste ejemplo ha sido su ruina. ¡Escarmentemos al recordar la nueva Nínive, abrasada por la justicia celeste!

LA ROMERÍA DE SAN ISIDRO