CAPITULO I.
Mis arreos son las armas,
mi descanso es pelear,
mi cama las duras peñas,
mi dormir siempre velar.
Cancionero general.
Antes de enseñar el primer cabo de nuestra narracion fidedigna, no nos parece inútil advertir á aquellas personas en demasía bondadosas que nos quieran prestar su atencion, que si han de seguirnos en el laberinto de sucesos que vamos á enlazar unos con otros en obsequio de su solaz, han menester trasladarse con nosotros á épocas distantes y á siglos remotos, para vivir, digámoslo asi, en otro orden de sociedad en nada semejante á este que en el siglo XIX marca la adelantada civilizacion de la culta Europa. Tiempos felices, ó infelices, en que ni la hermosura de las poblaciones, ni la facil comunicacion entre los hombres de apartados paises, ni la seguridad individual que en el dia casi nos garantizan nuestras ilustradas legislaciones, ni una multitud, en fin, de refinadas y esquisitas necesidades ficticias satisfechas podian apartar de la imaginacion del cristiano la idea, que procura inculcarnos nuestro sagrado dogma de que hacemos en esta vida transitoria una breve y molesta peregrinacion, que nos conduce á término mas estable y bienaventurado.
Mis arreos son las armas,