—¿Pero esas preguntas...?

—Quiero asegurarme vuestra fidelidad. Conozco á los hombres. Son fieles cuando tienen interes en serlo. Escuchad ahora. Quiero ser maestre de Calatrava.

—¡Por Israel! Comprendo: un rayo de luz acaba de iluminarme, y la muerte de la condesa no es ya un enigma para...

—Pues os advierto precisamente que debe serlo hasta para vos...

—En buen hora, señor; no digas mas; confieso que no la entiendo. Pero hay ya un maestre, y no suele haber dos en ninguna orden...

—Precisamente eso es lo que todas las figuras cabalísticas no os hubieran revelado nunca á vos antes que á los demas. No hay ninguno.

—¡Dios de Abraham! Dos muertes en menos de...

—Con respecto al maestre Guzman, ese mismo Dios de Abraham que invocais tuvo á bien llevarle á mejor vida.

—¿Qué dices, señor?

—Ahora lo sabemos dos en Madrid. Vos y yo.