—Por el señor Santiago que es cosa dificil de comprender. Cuando volviamos anoche de la batida, él se adelantó con un solo montero y se separó de nosotros. Desde entonces no le volvimos á ver.
—Sí, reponia otro: apostára la mejor pieza de mi arnés á que fue á ver bajo las ventanas de su amada esposa si andaban moros en la costa.
—Bravo modo de decirnos que el escudero es zeloso.
—¡Dios me perdone! como un moro.
—¡Oh! entonces, decia un tercero, ya se esplica su ausencia. Habrá tardado en conciliar el sueño... al lado de su dama...
—¡Chiton! la puerta de la cámara se ha abierto.
—Es el camarero.
—El camarero, el camarero, repitieron varias voces por lo bajo. Fijáronse las miradas de todos en Rui Pero, quien con la mayor inquietud preguntó:
—¿No ha venido aun Ferrus? su señoría pregunta por su juglar.
—Estará haciendo alguna trova, ó pensando algun donaire, dijo el mas atrevido de los caballeretes.