—Ya sabeis que he recibido no ha mucho de Italia un pomo de aquella agua clara, mas cristalina que la que envian las sierras vecinas á esta villa, y que el que la llega una vez á sus labios no vuelve en sus dias á tener sed.
—Basta, Abenzarsal, basta. Si el estudio endurece de esa suerte el corazon del hombre, quemaré mis libros; viejo empedernido en el pecado, soy ambicioso; pero creo que hay un Dios, y juzgo que ya he hecho lo bastante hoy para haberle de dar cuentas largas y terribles el dia que se digne llamarme á su juicio,
—En ese caso...
—Oid. La una persona es un doncel de Enrique Doliente, un mancebo valeroso: las armas no pueden nada con él... pero es mozo de pasiones vivas; acaso manejándolas y volviéndolas contra él mismo...
—¿Se llama?
—Macías.
—¿Está en Calatrava?
—En el alcázar, por mi desgracia.
—Prosigue, señor; la otra...
—Elvira, la muger de...