—¿Qué caucion dais de vuestras palabras? ¿quién sois? ¿por qué venis tapada á acusar al delincuente? La verdad trae la cara descubierta á la faz del sol. La mentira es la que se esconde.

—¿Quién yo soy, señor? si pudiera decirlo no viniera de este modo. ¿No es posible que circunstancias personales me impidan descubrirme en público? Tomad, señor dijo entonces la tapada presentando á su alteza un anillo que en el dedo traía. Ese anillo puede decir quién soy algun dia.

Tomó su alteza el anillo y examinóle detenidamente.—¿Conoceis ese anillo, Abenzarsal, ó la seña que dice esa dama?

—Señor, dijo Abenzarsal al oido de su alteza, las piedras forman un nombre.

—Guardadle, pues.

—Ademas, señor, no trato de huir; póngome bajo tu salvaguardia; sé que desde el punto en que tomo sobre mí esta acusacion mil peligros me rodean.

—¿Y sabeis, incauta dueña, que la pena del Talion espera al impostor...?

—Solo sé que el crímen debe denunciarse y desenmascararse al criminal.

—¿Sabeis que si os faltan pruebas, ó un caballero que sostenga vuestra acusacion, sereis puesta en tormento y...?

—¡En tormento! dijo espantada la dama volviendo á mirar en derredor con inquietud. ¡En tormento!