—¡Él es! gritó con penetrante alarido la enlutada, y el esceso de la alegría, pudiendo mas en su alma que el pasado dolor, la derribó sin sentido en brazos de sus dos dueñas.

Volvieron los ojos los cortesanos á mirar quién fuese el temerario que en tan arriesgada demanda se entrometia, y don Enrique de Villena, cuya alegría se habia manifiestamente conocido por algunos instantes, dirigió miradas de fuego y de incertidumbre hácia el advenedizo defensor de su acusadora.

Entraba éste ya por la cámara con ademan resuelto y pasos precipitados. Venia armado de pies á cabeza, y su sobreveste negra y su penacho del mismo color, que ondeaba funestamente sobre su capacete, parecian anunciar la muerte á todo el que se opusiese á su bizarro valor.

—Yo, repitió con voz fuerte entrando. Dirigiéndose en seguida hácia el trono, arrodillóse y pidió licencia á su alteza para tomar la demanda de la desconocida, fuese la que fuese.

Mirábanse unos á otros los circunstantes, y no sabian qué pensar de las aventuras de la mañana.—Condestable, dijo el rey volviéndose á Rui Lopez Dávalos, ¿será que hoy no hayamos de conocer á ninguno de nuestros vasallos? ¿qué decís, conde de Cangas, de este defensor? ¿le conoceis?

—No responderé nunca, señor, á la acusacion de dos enmascarados.

—¿Y respondereis á la mia? preguntó alzándose la visera el denodado mancebo.

—¡Macías! esclamó el rey. ¡Macías! repitieron asombrados los mas de los que presentes estaban. Don Enrique fue el único que sobrecogido de la ira y del terror, ni acertaba á pronunciar palabra, ni osaba levantar los ojos del suelo, al cual se los habian hecho bajar mal su grado la seguridad y la audacia de las miradas de Macías.

—Perdóneme tu alteza, prosiguió éste vuelto á don Enrique el Doliente, si me hallo en tu palacio sin haberme presentado antes á recibir tus órdenes: tu alteza conoce mi lealtad, y solo poderosísimas causas pueden habérmelo impedido.

—Sensible es á mi corazon, doncel, que cuando os veo despues de tan larga ausencia sea para declararos contrario de mi muy amado pariente el conde de Cangas y Tineo, y para defender contra él una acusacion que estimo calumniosa.