El semblante pálido y deshecho de Elvira, sus ojos encendidos de llorar, una indefinible tristeza que oscurecia sus facciones, como una nube oscurece el dia, y cierta agitacion particular, hija del temor y del cuidado con que entonces estaba, la hubiera hecho interesante á los ojos de cualquiera, por indiferente que hubiera sido á los tiros del amor. Hacia tiempo por el contrario que no habia tenido Hernan Perez un dia que tanto hubiese contribuido á disipar su natural melancolía. Habia cazado con su alteza y con don Enrique de Villena, que ambos á dos le habian colmado de favores: aquella habia sido la primera vez que se habia hallado en público en calidad de caballero, y el corazon del hombre es harto débil para no lisonjearse de semejantes distinciones. Deseaba partir con una persona querida su satisfaccion; ¿y con quién mejor que con su esposa? Dirigióse á ella con un semblante mas animado y franco de lo que comunmente solia.

—¿He tardado? ¿no es verdad, Elvira? dijo acercándose á ella con un hermoso azor en el puño izquierdo. ¿He tardado?

—No, Hernan: antes paréceme que habeis venido...

—¿No me esperábais todavia? Esta es la suerte de los maridos. Nunca se los espera.

—¡Santo Dios! dijo para sí Elvira, hasta cuyo corazon habia penetrado esta casual alusion.

—¿Estais triste, Elvira? continuó Hernan acariciando al pájaro distraidamente. Cualquiera diria que habíais cometido alguna accion de que tuviéseis que avergonzaros. Si os hubiera sorprendido con un amante, ¿no tendríais la cara mas lastimosamente melancólica? Si he venido á haceros mala obra...

—¡Esposo mio! esclamó Elvira destrozada en su interior, sabeis que ha tiempo que la debilidad de mi cabeza...

—Tenaces son esos males de cabeza y terribles, añadió Hernan. Tambien está triste este pobre pájaro. Miradle, Elvira. Su alteza acaba de cambiármele por el mio: ha cazado tan bien esta mañana, que ha querido quedarse con él. Nos ha encantado á todos. ¿Quereis creer que cuantas veces le ha soltado su alteza y don Enrique de Villena, otras tantas ha vuelto con la presa? Solo una vez que le solté yo se vino con las garras vacías. Sobre eso quiso su alteza darme vaya.—¡Ea! dijo; Vadillo, hoy no estais para cazar. Hoy no cogeréis pájaro ninguno... ¿Qué teneis, Elvira...? Sobre eso fue tal la rabia que concebí, que se lo ofrecí al rey, y de buena voluntad. Efectivamente, no era mi estrella cazar hoy. De alli á poco su alteza se empeñó en que le soltára su doncel favorito... y tambien cazó, pero yo nada. Verdad es que Macías caza bien. ¿Pero, esposa, os alterais? esa agitacion... acaso... su nombre solo os ofende. ¿Tanto le aborreceis? ¿recordais por ventura...? Pero veo que os incomoda demasiado. Nunca hemos hablado de eso. No hablemos jamas ya. Volviendo á la caza, Elvira, está visto que hoy no cazo. Dióme, pues, este azor en cambio del mio, y ¡par diez! que está triste. Acaso habrá dejado su compañera al venir á mi poder. Los animales nos dan ejemplo de fidelidad, ¿no es verdad, Elvira? Capaz será de morirse. ¡Azor! ¡azor! Solo por eso le quiero. Él no caza hoy, es verdad: en eso se parece á mí: pero es fiel, y váyase lo uno por lo otro; ¡por que en eso se parece á vos!

Volvia Elvira la cabeza á una y otra parte: tosía, bostezaba, cubríase el rostro con el pañuelo; pero la agitacion que en su esterior se notaba, era comparada con el desorden de sus pensamientos y la lucha atroz de sus sensaciones, lo que es la arrugada superficie del mar, azotado por una blanda brisa, comparada con el furor y embate de las montañas de agua que subleva y despide contra el cielo una deshecha borrasca. Al pajecillo íbasele un color y veníasele otro, que aunque de corta edad, ni se le ocultaba el riesgo del encerrado mancebo, ni el de Elvira si llegaba á ser descubierto, ni la terrible simpatía que entre aquella situacion y el diálogo del hidalgo reinaba.

Comenzó éste á parar la atencion en el singular estado de su esposa.—Os entiendo, Elvira, dijo despues de un momento de pausa, os entiendo. Las conversaciones de dos esposos que se aman no han menester testigos, y vos teneis sin duda algun secreto que fiarme.