—De Jaen, hijo, repuso con estremada serenidad el padre; sí, hijo, de Jaen. Llevamos una comision secreta, que bajo la fé de la obediencia no podemos revelar, para el reverendo prior del convento de Andujar de nuestra misma orden, que es como veis de San Francisco, hijos mios; pensábamos haber caminado toda la noche, y haber llegado alli antes de la mañana; empero Dios que nos ha enviado esta agua, y los achaques de mi compañero, nos han obligado á pedir hospedage. Introibo, dijimos, ad altare.
—Y bien dicho, habló por fin el camarero, que habia estado hasta entonces observando al silencioso fraile, muy bien dicho, aunque nosotros no lo entendamos. Pero lo dijo vuestra reverencia, y basta: si les parece á sus reverencias, que vendrán cansados, prosiguió el cortesano camarero, harémosles servir la refaccion para que se retiren, señor Ferrus.
—Amen, repuso el padre: tanto mas cuanto que mañana hemos de salir á la madrugada, si dais orden de que nos abran temprano en el castillo.
—Daránse las órdenes todas que fueren necesarias, repuso Ferrus, apartándose y hablando al oido al camarero. Pero ved que las centinelas no se han relevado aun.
—Pudierais vos mudarlas, le contestó Rui Pero, mientras yo hago disponer la cena; estos buenos padres nos dispensarán si los dejamos solos un instante por su propio servicio.
—Ite, misa est, replicó el padre echando una bendicion gravísima á entrambos alcaides, que se dieron el brazo mutuamente á pesar de sus interiores rencillas, sin duda olvidándolo todo en momentos en que necesitaban tanto de recíproco apoyo, y salieron de la sala.
—¡Cuerpo de Cristo! Por vida de Diego Gil y Martin Bravo, los mas famosos monteros de Castilla, que Dios perdone, esclamó el padre silencioso soltando una carcajada algo reprimida por la prudencia. ¡Voto va! que nunca hubiera dicho, fray Juan ó fray Peransurez, que tañeseis de ladradura con tal primor. Por mi venablo que se os entiende de cazar en latin á las mil maravillas.
—¡Prudencia, Hernando! Sepamos lo que nos hacemos, ya que yo no sé lo que me digo. ¿No os previne de que fuí monacillo y sacristan en cierto tiempo, durante el cual, si mucho escatimé el rastro de las vinagreras de la Almudena, no por eso dejé de oir las vocinas de los padres en el coro? aprendí á tañer la mia en latin como habeis visto, y alguna palabra entiendo voto á tal de cada ciento que digo.
—Pobre venado es este, Peransurez: es nuestro, dijo Hernando. Hace la señal del pezuño chica, y va en la reduña, ¡voto á tal! No tardarémos en tañer de oscisa. ¿Pondrémosle canes?
—Ved no nos obliguen á tañer de traspuesta: mirad que se levanta ya el venado á la ceba. Yo os avisaré el momento.