—Parece que el tiempo está bueno, dijo de alli á un rato el que cenaba.

—¡Ah! ¡ah! sí, como gusteis, señor caballero, respondió con una sonrisa agradable el amo.

—¿Teneis mucha familia?

—¡Eh! sí ¡eh! ¡eh! como gusteis, señor caballero; como gusteis, dijo el flexible.

—El hombre es categórico, dijo para sí el pregunton; no gusta por lo visto de quimeras ni de indisponerse con nadie; y volvió á sepultarse en su distraido cuanto importante y misterioso silencio.

—¿Y vendrá el señor huésped por mucho tiempo? se atrevió á preguntar el hostalero de alli á un momento, viendo que habia caido la conversacion, y creyendo hacer un obsequio á su huésped en renovarla.

—Como gusteis, le contestó secamente el forastero, encargándose á su vez de que no se diese de baja en el diálogo la muletilla del ventero.

—Yo lo creo, repuso el amo. Vuestra señoría fue de los que llegaron ayer... prosiguió luchando entre el temor de parecer demasiado pregunton é indiscreto, y la curiosidad natural de su oficio; de los que... es decir, de la casa del señor maestre de Calatrava...

—Como gusteis, respondió mas secamente aun nuestro hombre, levantándose y soltando en la mesa con desenfado una moneda de oro. Esta noche dormiré aqui. Me haréis disponer la cama.

—Como gusteis, señor; pero cama, eso no habrá, porque vuesa merced...