—¡Señor Fígaro!...

¡Oh, qué placer el de ser redactor!

Política y más política. ¿Qué otro recurso me queda? Verdad es que de política no entiendo una palabra. ¿Pero en qué niñerías me paro? Si seré yo el primero que escriba política sin saberla! Manos a la obra; junto palabras y digo: conferencias, protocolos, derechos, representación, monarquía, legitimidad, notas, usurpación, cámaras, cortes, centralizar, naciones, felicidad, paz, ilusos, incautos, seducción, tranquilidad, guerra, beligerantes, armisticio, contraproyecto, adhesión, borrascas políticas, fuerzas, unidad, gobernantes, máximas, sistemas, desquiciadores, revolución, orden, centros, izquierda, modificación, bill, reformas, etc. Ya hice mi artículo, pero ¡oh cielos! El editor me llama.

—Señor Fígaro, usted trata de comprometerme con las ideas que propala en ese artículo...

—¿Yo propalo ideas, señor editor? Crea usted que es sin saberlo. ¿Conque tanta malicia tiene?...

—Si usted no tiene pulso...

—Perdone usted; yo no creí que mi sistema político era tan... yo lo hice jugando...

—Pues si nos pasa perjuicio, usted será el responsable...

—¿Yo, señor editor?

¡Oh, qué placer el de ser redactor!