—Más, más: hágale usted más favor... pero ¿qué tiene que ver eso con la cuestión de tabacos?
—¿No ha de tener? Empiece usted diciendo que su artículo de usted es bueno: primero porque él es alto.
—¡Hombre!
—Calle usted. ¿Ha escrito algunas obras?
—Sí, señor: en el año 97 escribió una comedia que no valía gran cosa.
—Bravo: añada usted que usted entiende mucho de tabacos, fundado en que él hizo el año 97 una comedia...
—Pero señor, haremos reír al público...
—No tenga usted cuidado: el público se morirá de risa, y la palestra queda por el que hace reír. ¿Qué más tiene el adversario? ¿Tiene alguna verruga en las narices, tiene moza, debe a alguien, ha estado en la cárcel alguna vez, gasta peluca, ha tenido opinión nula?...
—Algo, algo hay de eso.
—Pues bien: a él: la opinión, la verruga; duro en sus defectos. ¿Qué entenderá él de achaque de tabacos, si escribió en los periódicos de entonces, si el año 8 jugaba a la pipirijaina o a la pata coja?