—Dentro de quince meses estáis aquí todavía.
—¿Os burláis?
—No por cierto.
—¿No me podré marchar cuando quiera? ¡Cierto que la idea es graciosa!
—Sabed que no estáis en vuestro país activo y trabajador.
—¡Oh! los españoles que han viajado por el extranjero han adquirido la costumbre de hablar mal de su país por hacerse superiores a sus compatriotas.
—Os aseguro que en los quince días con que contáis no habréis podido hablar siquiera a una sola de las personas cuya cooperación necesitáis.
—¡Hipérboles! Yo les comunicaré a todos mi actividad.
—Todos os comunicarán su inercia.