—Esa no es una razón—le repuse:—si él se arruina, nada se habrá perdido en concederle lo que pide: él llevará el castigo de su osadía o de su ignorancia.
—¿Cómo ha de salir con su intención?
—Y suponga usted que quiere tirar su dinero y perderse, ¿no puede uno aquí morirse siquiera, sin tener un empeño para el oficial de la mesa? Puede perjudicar a los que hasta ahora han hecho de otra manera, eso mismo que ese señor extranjero quiere.
—¿A los que lo han hecho de otra manera, es decir, peor?
—Sería lástima que se acabara el modo de hacer mal las cosas. Conque, porque siempre se han hecho las cosas del modo peor posible, ¿será preciso tener consideraciones con los perpetuadores del mal? Antes se debiera mirar si podrían perjudicar los antiguos al moderno.
—Así está establecido; así se ha hecho hasta aquí; así lo seguiremos haciendo.
—Por esa razón deberían darle a usted papilla todavía como cuando nació.
—En fin, señor Fígaro, es un extranjero.
—¿Y por qué no lo hacen los naturales del país?