Tambien advertimos en la relacion que el mismo Alvar Garcia hace de la coronacion de Fernando I, que se hace mencion del palacio de las Jarras.[26]
Observamos por los trozos que he transcrito de estas relaciones, que habia patios como los hay ahora en la Aljafería, pero á pesar de todo, ¿cómo es posible saber con puntualidad su antiguo estado? Ni memoria se conserva de la capilla de S. Jorge, ni podemos atinar sino por congeturas donde estaba la sala de los mármoles, é ignoramos de todo punto á donde caía el palacio de las Jarras. Tambien Blancas[27] dice que el rey D. Martin fué el lunes á oir misa á la capilla que decian de Santa Maria, la que no podemos adivinar donde existía.
Debemos deplorar que en tiempo de los Reyes Católicos cuando se reparó este edificio, y en las renovaciones posteriores, no se sacase un plano de su situacion y de sus antiguas estancias, ó que á lo menos no se hiciese una descripcion exacta.[28]
Es tanto mas estraño este descuido, cuanto que la fama de este alcázar se halla comprobada con las traducciones de las crónicas caballerescas. En él se supone que estaba encerrada la célebre Melisendra, y por eso Cervantes en la segunda parte del Quijote,[29] pone en boca del muchacho del titerero una historia que, segun decia, era sacada de las crónicas francesas y romances españoles, que andaban en boca de las gentes y muchachos por las calles; la libertad que dió el señor D. Gaiferos á su esposa Melisendra, que estaba cautiva en España en poder de moros, en la ciudad de Sansueña, (que así dice Cervantes se llamaba entonces Zaragoza):[30] y mas adelante continúa el jóven titerero, «vuelvan vuesas mercedes los ojos á aquella torre que allí parece, que se presupone que es una de las torres del alcázar de Zaragoza, que ahora llaman la Aljafería, y aquella dama que en aquel balcon parece vestida á lo moro, es la sin par Melisendra.»
CAPÍTULO SEXTO.
De la época en que se construyó la ALJAFERIA: por quite, y destino que le dieron los moros.
Es un hecho constante que no se puede poner en duda, que el alcázar de la Aljaferia fue construido por los moros, los cuales ocuparon á Zaragoza el año 714,[31] segun nuestras crónicas, que no me parece que van desacertadas en este punto. Hasta los escritores árabes suponen, que á Muzaben Noseir que tuvo el mando de los muslimes en Africa, se le hicieron invitaciones por algunos cristianos de la Península para pasar á España. Es notable que los que aconsejaban esta entrada, decian entre otras cosas, como refiere Conde[32], que las amenidades de España no las puede igualar ni espresar el mas elegante discurso; ni en la carrera de sus excelencias hay quien se adelante; que en esta competencia aventaja á todas las regiones de Oriente y Occidente; que España es Siria en bondad de cielo y tierra, Yemen ó feliz Arabia en su temperamento; India en sus aromas y flores; Hegiaz en sus frutos y producciones; Catay ó China en sus preciosas y abundantes minas; Adena en las utilidades de sus costas; que en ella hay ciudades y magníficos monumentos de sus antiguos reyes y de los Jonios, que fueron siempre pueblo sabio, y que todavía se conservaban restos de ellos en España, como de Hércules el grande en la estatua de Gecira, y el ídolo de Galicia, y las grandes ruinas de Mérida y Tarracona, que no se habia visto cosa semejante.
Con el ansia de esta conquista pasó Taric-ben-Zen-yad, é hizo un reconocimiento en el julio de 710: en su 2.ª espedicion desembarcó en Gecira—Alhadra (isla verde), y se fortificó en la punta de Gecira, que en honor suyo se llamó Gebal-Taric ó monte de Taric, ó monte de la Victoria ó entrada; cuyos hechos de armas se refieren al año 711. Poco despues ocurrió la batalla de Guadalete, durando ocho dias segun nuestros historiadores, y segun los árabes tres, el combate mas encarnizado. El egército de los sarracenos aumentado con los refuerzos del Wali ó gobernador Muza se estendió como un rio que sale de madre sobre la desventurada España, porque aunque Taric tenia órden de detenerse hasta que el Wali se juntase con él; consultados sus capitanes dividió el egército en tres cuerpos: el 1.º confió á Mugueiz: el 2.º encargó á Zayde ben Kesadi el Seksek para que caminase á tierra de Málaga; y el 3.º acaudillado por el mismo partió á lo interior del reino por tierra de Jaen á Toledo. En este punto se juntaron Taric y el Wali Muza destituyendo este á aquel, y encargando el mando de sus tropas á Mugueiz. Taric, que fué por órden del califa restituido despues en él, puso cerco á Zaragoza, á donde siguiendo la corriente del Ebro llegó tambien Muza con su egército. En esta ciudad, dicen las crónicas árabes, se habia reunido mucha gente de España: el riguroso cerco y los combates la tenian ya muy apurada y cuando llegó Muza decayeron de todo punto de ánimo los cristianos, y luego salieron á proponer su entrega con buenas condiciones. Muza sabía, que allí estaban depositadas muchas riquezas de todos los pueblos de España oriental, y no ignorando el triste estado en que se hallaban por falta de provisiones, les impuso sobre las condiciones ordinarias una muy grave exaccion, que debian pagar el dia de la entrada en la ciudad: ésta era la contribucion de sangre, porque con ella se redimian de las violencias de la espada del vencedor. La necesidad los forzó á todo, y allegaron y recogieron todas las alhajas de los vecinos poderosos y de los templos, para cumplir la gran cuantía que pidió Muza ben Noseir: asimismo tomó rehenes á su contento de la juventud noble de esta ciudad: puso en ella un buen presidio con escogida gente, dando el gobierno á Hanax ben Abdala Asenani, que poco despues edificó allí una mezquita y una principal aljama. Nuestros escritores van acordes con lo que refiere Conde, diciendo además que Muza llegó á Zaragoza despues de haber hecho un grande estrago por su resistencia en Catalayud, llamada entonces Bílbilis. El Maestro Diego Espés en su historia manuscrita, que se encuentra en el archivo del Metropolitano templo del Salvador de esta capital y que hé registrado con este motivo[33], pretende asimismo, que Muza y Tarif iban con egército separado, y que se reunieron en Zaragoza, de cuya opinion es tambien Zurita, y que esta ciudad capituló con condiciones honrosas, siendo una de ellas la de dejarla vivir en su ley. Este escritor sostiene que Zaragoza fué ganada el año 714 y no el 716, como dice Rasis, fundándose para combatir el error de este último, en que un año antes del 716, el general Tarif, y el gobernador Muza habian vuelto de la Francia gótica á Córdoba, refiriendo en su apoyo una carta que supone escrita por D. Pelayo á Tarif en la era 753 ó año de J. C. 715.
Entregada (continúa Espés) la ciudad de Zaragoza á su enemigo con el mejor concierto que pudieron, dejaron aquellos generales de los árabes por gobernador y alcaide de esta provincia á un capitan llamado por nombre Ismad Abenhut,[34] hombre de mucho esfuerzo y valor, natural de la Arabia.