Mientras que la munificencia de S. M. derrama sus beneficios sobre este antiguo alcázar de sus predecesores que tantas ideas de grandeza recuerda, la autoridad militar puede principiar á dar importancia al departamento de Santa Isabel. En el salon debe colocarse un sólio para la celebracion del acto imponente de las visitas de cárcel.[106] ¿No debe experimentar un Capitan General una sensacion profunda al considerar que administra justicia y aun dispensa gracias, donde antiguamente las dispensaron los reyes? Cierto es que ahora no se cuenta con fondos para la reparacion completa, pero á lo menos no deben faltar para asegurar lo existente, para precaver una ruina, para impedir una destruccion total. No faltan por lo demás artífices que puedan labrar algunas de las piezas que se echan de menos; quizás algun soldado que esté instruido en la elaboracion de las maderas podrá con la esperanza de algun año de rebaja esmerarse en construir algunas de las partes que faltan en ciertos trozos del artesonado. Lo que no se intenta, nunca llega á conseguirse: es preciso principiar las obras, porque el que las principia lleva una ventaja inmensa.
Sobre todo la mezquita debe reponerse en cuanto sea posible en su antiguo estado. Si se la vé dividida y cual esta hoy dia, un profundo sentimiento se apoderará del inteligente que la visite. Dificil es, formar idea de su hermosura, de su elegancia, no restituyendole en cuanto sea posible, su primitiva forma.
El alcaide del Castillo deberia encargarse de las llaves de estos departamentos, que podrian abrirse al que en dias determinados solicitase verlos; del coste de las obras de reparacion pudiera formarse inmediatamente un presupuesto: principiar por lo mas urgente, por lo que sufre menos espera, y reservar lo restante para épocas mas abundantes. Si S. M. viniese alguna vez por esta ciudad, y los gremios y cuerpos tratasen de hacer algunos festejos se les debia hacer entender, que mas que unos fuegos pasageros, unas luminarias improductivas, seria acceptable á S. M. la reconstruccion de una parte de estos adornos. Los carpinteros por egemplo y los tallistas podrian hacer un obsequio poco costoso presentando unas cuantas piezas del artesonado. En fin cuando hay celo no faltan medios. Una fiesta de Iglesia á Santa Isabel en el Castillo de la Aljaferia hecha por suscripcion podria suministrar algunos fondos. El Excmo. Sr. Capitan General deberia desde luego formar una junta ó comision compuesta de las personas que fuesen de su agrado y cuya presidencia se reservára, para escogitar arbitrios y recursos y para discurrir los demás medios oportunos á fin de realizar la reparacion.
S. M. que ha honrado mi insignificante opúsculo permitiendo que lo pusiese bajo sus reales auspicios, si se dignase leer estas últimas páginas, al paso que veria en ellas un celo puro y desinteresado, quizás no dejaría de encontrar digno de la magestad el restablecimiento de una obra de sus progenitores. Entonces mi memoria habria sido en algun modo un memorial, una pretension que los gloriosos reyes difuntos hacian á la Reina presente. Dulce es para mi cuando escribo de antigüedades honrar la noble profesion de la abogacia, que protegiendo las cosas y personas particulares egerzo, abogando tambien por el esplendor de las artes, por la gloria de los reyes, por los recuerdos de la antigüedad.
Conclusion.
Estos son los principales sucesos que han ocurrido, ó en el recinto, ó á las inmediaciones del antiquísimo Castillo de la Aljaferia, y las vicisitudes que ha tenido este edificio en el dilatado espacio de cerca de diez siglos, ó sea de 981 años. Mi pluma consagrada principalmente en esta tarea á revelar tan solo los misterios de la antigüedad, no hace mencion de las épocas mas recientes que abrazará la historia contemporánea. Queda cumplida mi mision que es la de recordar los acontecimientos remotos, que tuvieron lugar en este alcázar de los reyes moros y de los reyes aragoneses. Quizás nada ó muy poco habré dicho de nuevo para las personas ilustradas, pero muchos á quienes no es posible revolver los dispersos y escasos volúmenes que contienen nuestras glorias, si leen mi opúsculo, fijarán con mas atencion la vista en este monumento venerable, y cuando lo visiten ó pasen á corta distancia recordarán los nombres de tantos héroes aragoneses, y de cuantos ocupando altos destinos se propongan salvar de la voracidad del tiempo tantas memorias dignas de conservarse, infundiendo á los que habiten en lo succesivo en aquel edificio, un respeto santo para evitar que se destruya y desaparezca por la mania y el vandalismo una obra que ha sobrevivido á tantos desastres, y que se mantiene con señales de lo que fué, á pesar de las contínuas revoluciones de las edades.
APÉNDICE.
Nota 1.ª
ESCMO. SEÑOR.