Michael difunde un mensaje a las cien personas que forman la red de la época para indicar dónde se almacena el texto –aún sin enlace hipertexto, pues tenemos que esperar unos veinte años más para la web– y entonces seis personas descargan este archivo.
Sobre la marcha, Michael decide dedicar ese crédito de tiempo de unos millones de dólares a la búsqueda de obras literarias disponibles en bibliotecas, a la digitalización de éstas y al almacenamiento de dichos textos en su versión electrónica.
Poco después, Michael define así la misión del Proyecto Gutenberg: poner a disposición de todos, por vía electrónica, el mayor número posible de obras literarias.
Este proyecto alcanza una difusión internacional con la invención de la web en 1990, lo que facilita el envío de los textos electrónicos y los intercambios con los voluntarios.
Michael explica más tarde, en agosto de 1998: "Nosotros consideramos el texto electrónico como un nuevo medio de comunicación, sin verdadera relación con el papel. La única semejanza es que ambos difundimos las mismas obras, pero en cuanto la gente se haya acostumbrado, no veo cómo el papel podría aún competir con el texto electrónico, sobre todo en las escuelas."
El conjunto de páginas encuadernadas, forma tradicional del libro, se convierte en un texto electrónico que se puede desplegar de par en par, en formato ASCII (el formato más sencillo y más usado), con letras mayúsculas para los términos escritos en cursiva o en negrita y para los términos subrayados en la versión impresa, para que el texto pueda ser leído sin ningún tipo de problema desde cualquier ordenador, plataforma y programa.
# Distributed Proofreaders
Este proyecto cobra nuevo aliento con la creación de Distributed Proofreaders (Revisores Distribuidos) en 2000, lo que permite compartir la revisión de los libros entre centenares de voluntarios.
Creado en octubre de 2000 por Charles Franks para ayudar a digitalizar libros del dominio público, Distributed Proofreaders se convierte rápidamente en la principal fuente de libros del Proyecto Gutenberg.
Los libros impresos son en primer lugar escaneados y después convertidos en “formato texto” con un software OCR (Optical Character Recognition), que tiene una fiabilidad de un 99%, lo que implica la necesidad de una relectura en pantalla para corregir el texto comparándolo con las imágenes escaneadas de las páginas impresas.