Este documento indica que el internet revoluciona de arriba a abajo el mundo de la comunicación, mucho más que cualquier otro invento: telégrafo, teléfono radio u ordenador. Es uno de los ejemplos más exitosos de interacción entre una inversión sostenida en investigación, y el fomento de una infraestructura de la información, ambos objeto de una verdadera cooperación entre los gobiernos, las universidades y las empresas.
En la página del World Wide Web Consortium (W3C) – consorcio internacional fundado en octubre de 1994 para definir los protocolos comunes requeridos por la web – Bruce Sterling describe el desarrollo espectacular del internet en el documento "Short History of the Internet" (Una corta historia del internet). El internet se desarrolla más deprisa que los teléfonos celulares o los faxes. En 1996 su crecimiento es de un 20% al mes. Se ha duplicado desde 1988 el número de ordenadores que disponen de una conexión usando el protocolo TCP/IP. El internet se difunde primero en el ejército y en los institutos de investigación, antes de propagarse en las escuelas, las universidades y las bibliotecas, y el sector comercial también acaba tomándolo por asalto.
Bruce Sterling se interesa también por los motivos que incitan a la gente a conectarse a el internet. En su opinión, uno de los motivos esenciales es la libertad. El internet es un ejemplo de "anarquía real, moderna y funcional". No hay ni censores oficiales (en 1998), ni jefes, ni junta de dirección ni accionistas. Todas las personas pueden hablar de igual a igual, siempre y cuando se conformen a los protocolos TCP/IP, que no son sociales ni políticos, sino estrictamente técnicos.
Por último, Bruce Sterling indica que el internet también es un buen negocio comercial. A diferencia de la telefonía tradicional (en 1998), el internet no acarrea gastos de larga distancia. Asimismo, a diferencia de lo que pasa con las redes informáticas comerciales, no hay costes de acceso. En realidad, el internet, que ni siquiera existe oficialmente como entidad, no tiene facturación propia. Cada grupo que tenga acceso al internet queda responsable de sus propios ordenadores y conexiones.
Preocupados, los medios de comunicación tradicionales se preguntan si el internet se convertirá en un competidor para la televisión y la lectura. En Quebec, donde un 30,7% de la población dispone de una conexión internet en marzo de 1998, una encuesta llevada a cabo por el instituto Som para la revista online "Branchez-vous!" (¡Conéctense!) indica que un 28,8% de los quebequenses conectados ven menos la televisión que antes. En cambio, sólo un 12,1% de ellos leen menos, lo que según el diario online Multimédium, resulta "bastante alentador para el Ministerio de cultura y comunicación cuya doble tarea consiste en favorecer la expansión de las autovías de la información… ¡y el de la lectura!"
En Francia, durante una entrevista con la periodista Annick Rivoire publicada en el diario Libération del 16 de enero de 1998, el filósofo Pierre Lévy explica que el internet permitirá acabar con los monopolios: "El internet permite sacar a los pequeños del aislamiento, y darles más oportunidades. Cuando nos indignamos frente al monopolio de Microsoft, se nos olvida decir que el internet marca el fin del monopolio de la prensa, de la radio y de la televisión y de todos los intermediadores." La red también favorece lo que Pierre Lévy llama la "inteligencia colectiva": "La red nos permite poner en común nuestra memoria, nuestras competencias, nuestra imaginación, nuestros proyectos e ideas, y esforzarnos para que todas las diferencias, las singularidades se dinamicen las unas a las otras, se complementen, entren en sinergia."
El filósofo Timothy Leary recalca en 1994 en su libro "Chaos & Cyber Culture" (Caos y cibercultura): "El individuo nunca tenido semejante poder a su alcance. Sin embargo, en esta edad de la información, hace falta descifrar las señales. Popularizar significa 'hacer accesible al pueblo'. Hoy el papel del filósofo es el de personalizar, popularizar y humanizar los conceptos informáticos, para que nadie se sienta excluido."
Sin embargo debemos mantener la cabeza fría. Para oponerse a la vez a aquéllos que ponen las tecnologías en un pedestal y a los que sistemáticamente las conciben con hostilidad, se lanza en la web un movimiento llamado Technorealism (Realismo tecnológico) en marzo de 1998. Las ideas difundidas en el documento "Technorealism Overview" son retomadas en Quebec en el documento "Manifeste pour un technoréalisme" (Manifiesto para un tecnorealismo). Este manifiesto se apoya en los ocho principios siguientes: (1) las tecnologías no son neutras, (2) el internet es un medio de comunicación revolucionario, pero no una utopía, (3) el gobierno desempeña un papel importante en el ciberespacio, (4) la difusión de la información no garantiza su autenticidad, (5) conectar a las escuelas no garantizará una educación de mejor calidad, (6) la información debe estar protegida (en relación con el derecho de autor), (7) la red pertenece al dominio público, liego el público es quien debería gozar de sus beneficios, (8) la buena comprensión de las tecnologías debería formar parte de los fundamentos de la ciudadanía.
Según este manifiesto, "cuanto más popular se hace el ciberespacio, más se parece a la sociedad real en toda su complejidad. Las ventajas y el aspecto habilitador de la vida online corren pareja con algunas dimensiones maliciosas, perversas. (…) Contra lo que afirman algunos, el ciberespacio no es un lugar distinto regido por reglas distintas a las que rigen nuestra sociedad civil. Los gobiernos deben respetar las reglas y las costumbres nacidas con el ciberespacio, sin que por ello se le prohíba al público intervenir si algún ciudadano empieza a desvariar o si una empresa comete fraude. En calidad de representante del pueblo y guardián de los valores democráticos, el Estado tiene el derecho y la responsabilidad de contribuir a la integración del ciberespacio dentro de la sociedad civil. (…) Por muy potentes que sean nuestros ordenadores, nunca deberían sustituirse a la lucidez, el raciocinio y el juicio."
A pesar de todo, la web es una extraordinaria aventura. Para citar las palabras exactas de Tim Berners-Lee, su creador, "el sueño que se esconde detrás de la web es el siguiente: crear un espacio de información común en donde comuniquemos compartiendo la información. Es esencial que este espacio sea universal y que los hipervínculos puedan enlazar con cualquier tipo de datos: pueden ser personales, locales o mundiales. Tampoco importa que se trate sólo de esbozos o, al contrario, de documentos sofisticados. El sueño también tiene una segunda parte: el acceso a la web se generalizaría hasta tal punto que acabaría convirtiéndose en un espejo realista (o de hecho en la encarnación más directa) de la manera en que trabajamos, jugamos y hacemos vida social. Esto significa que tras contemplar online la descripción de nuestras relaciones sociales, podríamos utilizar los ordenadores para analizarlas, dar sentido a lo que hacemos, preguntarnos en qué tipo de espacio encuentra cada uno un lugar que le corresponde, y cómo podemos trabajar mejor juntos." (fragmento del documento "The World Wide Web: A very short personal history" (El World Wide Web: una muy corta historia personal), 1998, disponible en el sitio web del W3C)