Pierre Schweitzer, inventor del proyecto @folio, una tableta de lectura nómada, escribe en diciembre de 2006: "La suerte que compartimos todos es la de estar viviendo desde dentro, aquí y ahora, esta transformación fantástica. Cuando yo nací en 1963, en la memoria de los ordenadores cabían apenas algunas páginas de caracteres. Hoy día, en mi lector portátil caben miles de millones de páginas, una verdadera biblioteca de barrio. Mañana, por el efecto combinado de la ley de Moore y de la omnipresencia de las redes, el acceso instantáneo a las obras y a los saberes será cosa corriente. El soporte de almacenamiento en sí ya ni siquiera presentará mucho interés. Sólo importarán las comodidades funcionales de uso y la poética de esos objetos."
Pierre añade: "La lectura digital llega más allá, mucho más allá de la mera cuestión del 'libro' o de la prensa. El libro y el periódico siguen siendo y seguirán siendo por mucho tiempo soportes de lectura técnicamente insuperables para los contenidos de valor o para los contenidos que traspasen un umbral crítico de difusión. Aunque su modelo económico pueda seguir evolucionando (como pasa con la prensa gratuita, destinada al público en general), no creo que haya ningún trastorno radical a nivel de una sola generación. Más allá de esta generación, sólo el futuro nos lo dirá. Ya veremos. Sin embargo se desarrollan otros tipos de contenidos en la red. El internet lanza un reto al documento impreso en el terreno de la difusión en la web (difusión desmaterializada = coste marginal nulo) de las obras y de los saberes, un terreno en el que lo impreso no logra equilibrar sus costes, el espacio al que pueden acudir nuevos actores para quitarles el sitio.
Ahora bien, en este nuevo ámbito, los equilibrios económicos y las lógicas de adopción son radicalmente diferentes a los que imperan en el mundo impreso – véase por ejemplo la evolución de los sistemas de validación para los archivos abiertos en la publicación científica, o los modelos económicos emergentes de la prensa en línea. Por lo tanto es vano - e incluso peligroso - querer transformar con fórceps la ecología del papel. ¡Pues semejante forcejeo acabaría aniquilándola! En margen, algunos contenidos muy específicos, algunos nichos editoriales, podrían ser transformados. Por ejemplo la enciclopedia o la publicación científica ya han conocido cambios: del mismo modo, las guías prácticas, los libros de actualidad – de uso casi único – y algunas otras secciones que invaden las mesas de las librerías podrían modificarse, para mayor alegría de los libreros. Pero en mi opinión no se trata de un cambio masivo ni brutal: nuestras costumbres de lectura no cambiarán de un día para otro. Al contrario, forman parte de nuestras costumbres culturales y van evolucionando lentamente, a medida que las adoptan (o sea, que las aceptan) las nuevas generaciones."
Marc Autret, periodista y diseñador gráfico, escribe en la misma fecha: "Estoy convencido de que el ebook (o 'e-book') tiene mucho futuro en todos los sectores no ficcionales. Me refiero al libro digital como software, y no al soporte físico (porque las conjeturas acerca de éste son más inciertas). Los editores de guías, de enciclopedias y de obras informativas por lo general siguen considerando el ebook como una declinación muy secundaria del libro impreso, sin duda porque de momento el modelo comercial y la seguridad de esta explotación aún no les parecen totalmente estabilizados. Pero todo es cuestión de tiempo. Los ebooks no comerciales ya están emergiendo en varios lugares y en cierto modo operan un desciframiento de los posibles. Emergen al menos dos ejes distintos: (1) una interfaz de lectura/consulta cada vez más atractiva y funcional (navegación, búsqueda, reestructuración inmediata, anotaciones del usuario, quizz interactivo, etc.); (2) una integración multimedia (video, sonido, infografía animada, base de datos, etc.) hoy día fuertemente asociada a la web. Ningún libro físico ofrece semejantes funcionalidades. Entonces me imagino el ebook de mañana como una suerte de wiki cristalizado, empaquetado en un formato. ¿Cuál será entonce su valor propio? ¡La de un libro: la unidad y la calidad del trabajo editorial!"
Para Denis Zwirn, presidente de Numilog, la gran librería online francófona, el 2008 es una fecha clave en la curva de crecimiento del mercado de los libros digitales, con la combinación de tres factores:
"(1) El desarrollo de amplios catálogos online que suelen proponer funcionalidades de búsqueda en el texto completo, como el de la futura Biblioteca digital europea, el de VollTextSuche Online, los de Google y de Amazon. Tras haber 'sondeado' el contenido de la obra, es natural que el usuario quiera acceder a la totalidad de la obra… en versión digital.
(2) Avances técnicos esenciales tales como la tinta electrónica, que permitiría mejorar radicalmente la experiencia de lectura final para el usuario, por el parecido con la lectura en papel. Me refiero a lectores como el iLiad de Irex o el Sony Reader, aunque también se perfilan otros muchos. Este avance también tiene repercusiones sobre el desarrollo de los nuevos smartphones multifunciones (BlackBerry, iPhone) y sobre los softwares de lectura cuya interfaz – aunque haya sido mejorada – se había concebido primero para leer los ebooks en un PC, como Adobe Digital Edition.
(3) Por último, un cambio de actitud fundamental por parte de los profesionales del sector, de los editores, y pronto probablemente también de los libreros. Los editores anglosajones universitarios han abierto un ancho camino que todos los demás están siguiendo, al menos en los Estados Unidos, en Europa del Norte y en Francia: proponer una versión digital de todas las obras. Incluso para los que unos años atrás eran los más reticentes, la cuestión ya no es '¿por qué?', sino '¿cómo?'. Los libreros no tardarán en considerar que la venta digital forma parte integrante de su oficio.
El libro digital ya no es un tema de simposio, de definición conceptual o de adivinación por algunos 'expertos': ahora se ha convertido en un producto comercial y en un instrumento al servicio de la lectura. Ya no hace falta esperar no sé qué nuevo modo de lectura hipermoderno e hipertextual enriquecido de funcionalidades multimedia que orquesten sabiamente su especificidad con respecto al papel. Ahora ha empezado otra etapa: lo que conviene hacer es proponer textos que se puedan leer con facilidad en los múltiples soportes de lectura electrónica que utiliza la gente, porque quizás la tinta electrónica no tarde tanto en invadirlos todos. Y también convendría proponer esos textos de modo industrial. El ebook no es, ni llegará a ser nunca, un producto de nicho (como los diccionarios, las guías de viaje, los deficientes visuales…), sino que se está convirtiendo en un producto de masas, capaz de tomar formas tan múltiples como el libro tradicional."