CANTO TERCERO.

En que se trata de la calidad de la tierra, animales reptiles, y espantosìsimas víboras y serpientes; de la sirena, del carbunclo, de unas mariposas, que se tornan en gusanos, y despues en ratones, y otras maravillas.

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Demas de que en nosotros señalada
La lumbre està de Dios como creemos,
Y el alma por él mismo fué criada
A su bendita imagen, lo leemos.
Para que de esta suerte doctrinada
En bien fuese así mismo; si queremos
Mirar las corporales criaturas,
Veremos que son vivas escripturas.
La flor de la granada ó granadilla
De Indias, y misterios encerrados,
¿A quien no causarà gran maravilla?
Figúranse los doce consagrados,
De una color verde y amarilla:
La corona y los clavos tresmorados
Tan natural estan, y casi al vivo,
Que yo me admiro agora que lo escribo.
Un àrbol hay pequeño de la tierra
Que tiene rama y hoja menudita:
En tocando la hoja ella se cierra,
Y en el punto se pone muy marchita.
Yo he visto yendo veces à la guerra
Por los campos aquesta yerbecita,
Caycobé se llama, y es tenida
Por yerba viva, y nòmbranla de vida.[41]
Quièn no se admirarà luego en oyendo
Que hay un papagallo muy hermoso,
La hembra cuando huevos va poniendo,
Tres pone, que es el nùmero gracioso.
Al punto que los pollos van saliendo
Conoce el papagallo el que es vicioso
Y sobra; y asì le mata en aquel dia,
Dejando macho y hembra para cria.
Al Micuren diò Dios una bolsilla[42]
Por medio de los pechos, en que encierra
Siete ù ocho hijuelos: si seguilla
Procura otro animal, le hace guerra
A quien le sigue; y guarda su cuadrilla
Como suele hacer la brava perra:
Y en viendose de mal libre y de duelos,
Abre la bolsa y salen los hijuelos.
El Yumirì, que es oso hormiguero,
¿A quien no espantará su compostura?
Por boca tiene un muy chico agujero,
Como un novillo grande, y de hechura
Del oso acà comun: no es carnicero,
Y prívale de serlo el angostura
De la boca: mas vence al tigre fuerte,
Causàndole por hambre cruda muerte.[43]
El instinto de un vil animalejo,
Eyra ha por nombre, me ha admirado;
De suerte es y de forma de un conejo,
Mas mata, como vemos, un venado.
Salta y aferra firme en el pellejo,
Y en el seseso dá fiero bocado,
Haciendo con las uñas tal camino,
Que saca al animal el intestino.
Lo mismo hace al hombre y otra cosa
Una horrenda culebra, que es nombrada
Curiyú; muy grande y espantosa,[44]
De largo, y de grosor descompasada.
Lo que ha comido y traga no lo bosa,
Ni echa por abajo: mas posada
En tierra la barriga, se abre y echa
Aquello que de nada le aprovecha.
Las víboras que son mas ponzoñosas,
Cascabel en la cola tienen puesto,
De diversas colores son vistosas,
Saltando de la tierra, y de su puesto,
Arremeten al hombre muy furiosas.
Hasta morder con rabia el rostro y gesto.
A dó las hay criò Dios una yerba,
Que es dicha por su nombre contrayerba.
El hombre ò animal á quien le hiere
Algunas de estas víboras
malvadas,
En un dìa natural, sin falta, muere,
Y en él son medicinas escusadas.
Empero si la yerba el tal bebiere,
Antes que doce horas sean pasadas,
Escapa. Aquesta yerba Dios le ha dado,
El mismo cascabel muy apropiado.
¡A quien no admiraràn las cosas tales!
Pues mas he de decir en este canto:
Que contarè en él cosas desiguales,
Muy raras, peregrinas y de espanto.
Agora de la tierra y naturales
De la Asumpcion digamos tanto cuanto;
Y luego escribiremos mil cosillas,
Que bien podrè llamarlas maravillas.
El temple la Asumpcion tiene gracioso,
Apacible, sereno y claro cielo;
Invierno frio; estio caloroso,
Algunas veces nieve, tambien yelo.
De invierno y de verano está hermoso
El campo todo el año, verde el suelo,
Porque de cuando en cuando bien se moja,
Y casi siempre està de verde hoja.
La gente natural y comarcana,
Es de muchas naciones diferentes.
Empero la mas es la Chiriguana,
Que estàn à los cristianos obedientes.
Ya no comen aquestos carne humana,
Si no es por exquisitos accidentes
En guerras y conquistas con paganos,
Empero no de carne de cristianos.
Una pestilencia grande hubo venido,
De que muchos Guaranìs se murieron,
Que carne de cristianos han comido,
La peste les sucede atribuyeron.
Tambien por desabrida aborrecido
La tienen, segun muchos me dijeron:
Que mas les sabe carne de un pagano,
Que no la de español ó castellano.
Los Guaycurús habitan la otra banda:
Es gente muy valiente y belicosa.
Cuando nuestro español en guerras anda,
Alquila Guaycurús por donde osa
Al Guaranì seguir, que le dán tanda
Aquestos de tal suerte, que medrosa
La gente Guaraní queda y deshecha,
Que el Guaycurú jamas teme su flecha.
Los Agaces estaban bien poblados
En tiempo de D. Pedro de Mendoza,
Y aun eran muy valientes y esforzados.
Los cristianos hicieron tal destroza
En ellos, que los indios y soldados
Mataban sin piedad à toda broza:
Y así vino la cosa à tal estado
Que no hay hoy del Agaz pueblo poblado.
Tambien habia muchos Guatataes,
Que es gente muy amiga de cristianos,
Y otros que se llaman Mogolaes,
Que viven en esteras por los llanos;
Aquestos, y tambien Coñamequaes,
Estàn de la ciudad algo cercanos:
Acuden á servir con gran contento,
Aunque de ellos no hay repartimiento.
Los Guaraníes solos repartidos
Están, que las demas generaciones,
Aunque lo estàn, y han sido sometidos
Al español, mas son por ocasiones,
Que tienen los que mandan eximidos
Del servicio, y acuden con mil dones;
De suerte que hablando mas de vero,
Es de estos el que manda encomendero.
Junto à la Asumpcion está una sierra,
Nombrada Lambaré, sierra afamada;
En gran parte de toda aquesta tierra,
Ninguna tan alta hay, tan encumbrada.
Allì diò Salazar muy cruda guerra
A Lambaré, y su gente rebelada.
Y muy cerca de allí, bajando al rio,
Oid una batalla y desafio.
Habiendo Salazar aquì vencido
El bravo Lambaré y toda su gente;
A los pies de alta sierra le ha salido
Una terribilísima serpiente.
Con ànimo gallardo y muy crecido
Embraza la rodela diligente,
Y comenzando á darla con la espada,
En tierra echa una mano destroncada.
La sierpe con la cola revolviendo,
Al buen Capitan diera muy airada
Un golpe tan terrible, que cayendo
Venia el Capitan, y con la espada,
En el suelo se tuvo, y acudiendo
Con una venturosa cuchillada,
Tal golpe de reves dà con destreza,
Que ahì la sierpe queda sin cabeza.
La del tigre no fué tan grande hazaña,
Aunque era muy terrible y espantoso:
Matòlo antes que fuese à nuestra España
Aqueste Capitán tan valeroso.
Y habiendo ido, volviò, cosa estraña,
Que siendo tan valiente y poderoso,
Muriò pobre, dejando muchos hijos,
Con pleitos y demandas y litijos.
Por armas le dió el Rey el tigre fiero
Con Lambarè, la sierra que he contado,
Y un hàbito y señal de caballero,
Con que á las Indias vuelve muy honrado.
Mas como nunca dió en tener dinero,
Murió sin dejar solo ni un cornado:
Que aquesto de tener la plata à sobra,
Yo tengo firmemente que Dios obra.
De que me sirve á mi querer riqueza,
Y andar aperreado por habella,
Si Dios por me azotar me dà pobreza.
¿A quien presentarè yo mi querella,
Si la Suprema Causa y Suma Alteza
Dispone que no haya de tenella?
De arriba, de lo alto todo viene:
Dejadlo al que poder en todo tiene.
Volviendo á nuestra história; rio arriba
Una laguna está muy afamada:
Itapuà se llama una peña viva,
Está en medio de aquella levantada.
Compèleme el temor que no lo escriba,
Mas no lo dejarè: es prolongada
De cien codos la piedra, y muy derecha,
Y arriba en lo supremo una vesecha.
Es como el ave Fenix muy graciosa,
Que pintan los autores y su nido,
Compuesto es de especiosa y olorosa
Madera, que en mis manos la he tenido;
La Sirena tambien bella, y hermosa
Como una bella dama, ha parecido
En medio esta laguna, y aun gemiendo,
Y sus doradas crines esparciendo.
Otra laguna grande mas crecida,
De mas admiracion que aquesta vemos,
Que està la tierra adentro algo metida;
Los indios del Acay en sus extremos[45]
Habitan, y ellos dicen que fundida
Antiguamente fué gente, y creemos,
Nos dicen, està el diablo atormentando
Aquellos que pecaron en nefando.
Gran grita y alarido y gran estruendo
Allá dentro parece que resuena;
Cuando se allega junto, estremeciendo
El cuerpo queda todo con gran pena.
Algunos de temor vuelven huyendo;
Pajas, se les antoja, y el arena
Que son diablos que vienen en pos de ellos,
Y vuelven erizados los cabellos.
Y no lejos de aquí, por propios ojos,
El Carbunclo animal veces he visto:[46]
Ninguno me lo juzgue por antojos,
Que por cazar alguno anduve listo.
Mil penas padecí, y mil enojos
En seguimiento de èl; ¡Mas cuan bien quisto,
Y rico y venturoso se hallàra
Aquel que Anagpitan vivo cazára!
Un animalejo es, algo pequeño,
Con espejo en la frente reluciente,
Como la brasa ignita en recio leño.
Corre y salta veloz y diligente:
Asì como le hirieren echa el ceño,
Y entùrbiase el espejo de repente:
Pues para que el Carbunclo de algo preste
En vida el espejuelo sacan de este.
¡Cuan triste se hallò, y cuan penoso
Rui Diaz Melgarejo! que hallado
Habia, à mi me dijo, de uno hermoso;
Perdiólo por habérsele volcado
Una canòa en que iba muy gozoso.
Yo le ví lamentar su suerte y hado,
Diciendo—"si el carbunclo no perdiera,
Con él al Gran Philipo yo sirviera."

Andando por la guerra, y escuadrones,
De mì fueron mil cosas conocidas.
Trataré de una forma de ratones,
Y de vista hablaré y no de oidas.
Unas cañas he visto, y cañutones
Tran gruesos como piernas muy crecidas;
Catorce y quince tiene pocos menos
Cada caña, y de agua todos llenos.
El agua es muy sabrosa, clara y fria,
Mas yendo ya la caña madurando,
Un gusano se engendra adentro y cria,
Y al cañuto el gusano horadando
Afuera mariposa parecia.
Con las alas comienza de ir volando,
Y por tiempo las pierde, y queda hecho
De forma de raton hecho y derecho.
Al tiempo que en la caña estan metidos,
A gente natural son nutrimento.
Frutos sabrosos son: mas ya salidos
A luz, causan dolor, pena y tormento,
Porque tornados ya y convertidos
En ratones, consumen el sustento;
Y privan muchas veces de la vida
Al natural, quitando su comida.
De veinte mil pasaron, naturales,
Que murieron á causa del estrago
Que hicieron aquestos animales:
Que en todo el Ubay dejaron pago
De planta, ni maiz, ni sementales,
Sin pasar por aquel tan crudo trago.
Dejando desta vez tan asolada
La tierra, que tardó de ser poblada.
No hay bruco, ni langosta perniciosa,
Ni erugo, ni otra plaga que yo entienda,
Que iguale á esta maldita mariposa,
Terrible, si comienza su contienda.
Así està desta plaga tan medrosa
La gente del Ubay, que viendo senda
Por do huir su tierra y nacimiento,
La dejan por tener algun contento.
Tambien hay otras cañas muy mayores,
(Del grueso son de un roble bien crecido)
En que se crian gusanos, y mejores.
De los unos y de otros he comido:
En muy poco defieren sus sabores.
Estando el uno y otro derretido,
Manteca fresca à mi me parecia,
¡Mas sabe Dios el hambre que tenia!
En los mojos de aquestas cañas vimos,
Con agua bien sabrosa, mas gusanos,
Ni dentro ni de fuera los sentimos
En toda la montaña ni en los llanos.
Las cañas por cumbreras las pusimos,
Con tener otros palos muy cercanos,
Mas no habia que temer, que la corteza
Tenian de terrible fortaleza.
Es tanta la espesura de las cañas,
A dò las hay, que es cosa de gran grima:
Y aunque dentro se crian alimañas,
Estan tan encerradas como encima.
Quien á cortar va cañas, por mil mañas
Que tenga, á las veces se lastima,
Con puas, con espinas, con abrojos,
Y el mal sale mil veces à los ojos.
Mas ya estoy enfadado en este canto,
¡Cuanto mas lo estarà quien le leyere!
Degemos de contar cosas de espanto,
Volver quiero á D. Pedro. Quien quisiere
Las mudanzas saber y crudo llanto
De fortuna, y de aquel que las siguiere,
Con mucha atencion lea diligente
El canto lastimoso aquí presente.

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CANTO CUARTO.

En que se trata de la mas cruda hambre que se ha visto entre los cristianos, la cual padecieron los de D. Pedro de Mendoza en Buenos Aires, y como se pobló el Argentino.

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Lo que ha sido muy justo y bien ganado
Muchas veces se pierde, como vemos:
Pues de lo que con mal se ha grangeado,
Que se pierda y el dueño esperaremos.
Don Pedro de Mendoza fué soldado
Cuando hubo disencion entre Supremos,
Y al tiempo de pillar hinchò la mano;
Mas todo su trabajo salió en vano.
Borbon perdió la vida; Juan de Urbina
Entrò en Roma cantando la victoria:
De aqueste asalto y saco, y grande ruina
D. Pedro enriquecido, en vana gloria,
A D. Carlos pedia la Argentina
Provincia, pretendiendo su memoria
Levantar en conquista de paganos,
Con dinero robado entre romanos.
Como fuese de suyo gran guerrero,
Viéndose de riquezas abastado,
Ofrecióse à gastar mucho dinero,
Y el Rio de la Plata ha demandado.
Don Carlos, en valor claro lucero,
El título le da de Adelantado;
Y asì hizo una gruesa y rica armada,
De gente muy lucida y extremada.
Dos mil soldados salen de Castilla,
Sin gente de la mar y marineros.
Juntáronse en alarde allà en Sevilla,
Y viendo tan lucidos caballeros,
Salian á los ver á maravilla
Tan apuestos à punto de guerreros:
Mas dicen: "pues se van estos soldados,
Recemos los oficios de finados."
Al fin salió de España aquesta armada
Muy rica, muy hermosa y muy lucida;
De todos adherentes abastada,
Aunque hubo despues hambre muy crecida.
La gente que embarcó era extremada,
De gran valor, y suerte muy subida,
Mayorazgos è hijos de Señores,
De Santiago y San Juan comendadores.
Es Maestre de Campo un caballero
Juan Osorio, que es hombre muy valiente,
Tambien va Juan de Oyolas el guerrero,
Medrano, Salazar, Lujan prudente.
Otros muchos que van decir no quiero,
Que cada cual bien puede ser regente:
Mas Osorio entre todos se señala,
Y en todo lleva à todos palma y gala.
A Neptuno y sus ondas carniceras,
Se entregan invocando à Santiago.
Las naves van corriendo muy lijeras,
Rompiendo con gran furia el ancho lago.
¡O lastima, y angustias lastimeras,
Horrendo, y gran temor, ó crudo trago!
Que tan brava tormenta se levanta,
Que el mas fuerte y bizarro mas se espanta.
D. Pedro con buen celo y pecho pio,
En Dios pongamos, dice, la esperanza,
Y pues es para mas su poderío,
El nos darà muy breve mar bonanza,
Los pilotos con grande desvarìo,
Dicen que la tormenta va en pujanza:
El tríste marinero con gran pena,
No acierta al aparejo ni á la antena.
Iza el trinquete, amaina la mesana,
Aferra ese timon que imos perdidos;
A la bomba, à la bomba muy de gana,
Que seremos de presto sumergidos,
Cual llama San Lorenzo, cual Santa Ana,
San Telmo dicen otros afligidos,
Otros San Nicolas, que puso quilla
Y costado, de nos tenga mancilla.
El sexo feminil y lacrimoso
Levanta hácia el cielo vocería.
Con la furia del viento tan furioso
La una nave de otra se desvía;
Mas volviendo la mar en su reposo
Conviertese el dolor en alegría,
Y llegan á Canària muy ufanos,
Dò toman tierra, y salen muy galanos.
Despues de haberse aquí ya refrescado,
A proseguir tornaron su viage.
Habiendo ya diez dias navegado,
Hallàronse muy cerca del parage
De las islas, y Cabo que es llamado
Verde; enfermo asiento y estalage;
Cansados del sañoso y largo lago,
Tomaron la que dicen de Santiago.
No estaba en este tiempo tan poblada,
Como al presente está de Lusitanos:
No está mucho la costa desvíada,
Poblada de valientes Africanos:
De color negra y son muy tisnada,
Los que mas á Cabo Verde son cercanos,
Y tienen en comun carniceria,
De los negros haciendo anotomía.
Tomòse de estas islas bastimento,
Tambien se refrescaron los soldados,
Y diòse con presteza vela al viento,
Los ánimos de todos bien osados.
Mas ¡Ay dolor! cuan presto à mas de ciento
De poco prestarà ser esforzados,
Que la hambre pasando de la zona
A roso ni velloso no perdona.
Con pròspero nordeste favorable
Camina alegremente nuestra armada,
Y el mar mas sosegado navegable,
La lìnea en breve tiempo fué pasada
Con viento en popa próspero y amigable,
De Cabo Frio la punta ya doblada,
En costa del Brasil tierra tomaron,
Y aun isla Santa Bàrbara nombraron.
Del gran Carlos las armas le pusieron
Y posesion por él allì tomando,
Y luego su viage prosiguieron,
Y en el puerto de Vera le encerrando,
Bien comiendo alegres estuvieron.
Continuò por la playa mariscando,
Que hay en aquel puerto grande suma
De hermosos pescados como espuma.
Estando pues aquí, ha comenzado
El demonio sus cosas tan usadas;
Salazar que con otros se ha juntado
A Juan de Osorio dan de puñaladas.
Envidia y cobardia lo han causado,[47]
Por ser las obras dèl tan señaladas:
A don Pedro hicieron que creyese
Que le iba en esta muerte el interese.
Al principio el error, aunque pequeño,
Grandìsimo se hace al fin y cabo.
Era este caballero halagüeño
Con todos; y en aquesto mas le alabo,
Que en verle sacudido y zahareño
Con nobles, de lo cual le desalabo:
Que al mas pobre soldado en mas tenia,
Que diez de presumpcion de hidalguia.
Fué causa, segun dicen, esta muerte
Tan fuera de razon, contra justicia,
Del funesto suceso, horrible, y fuerte
Del infeliz D. Pedro y su milicia.
Que echada esta envidiosa y cruda suerte
Con tanta cobardía y gran malicia,
Comenzò à castigar Dios el armada,
Con un grave flagelo y cruda espada.
Desde que empieza el mundo está sabido
El castigo que hace Dios eterno;
Por vista de los ojos conocido,
Está cuando la estima el Sempiterno:
La muerte del que es justo y bien creido,
Tenemos la castiga con infierno:
Que la sangre de Abel el inocente
Clamando está ante Dios omnipotente.
Al fin de aquesta isla se ha pasado,
Con algunos descuentos que no digo,
Y el Rio de la Plata se ha tomado,
Y el puerto San Gabriel de desabrigo.
De allí luego pasóse al otro lado,
A Buenos Aires, que es de mas abrigo,
A dó fué el lastimoso acabamiento,
De tanta bizarria, cual yo cuento.
De ver era salir en aquel llano
Al soldado valiente y caballero,
De sedas y brocado muy galano,
A guisa y parecer de perulero.
Salìa con contento muy ufano,
Y hasta el pobrecito marinero
Aquella bella tierra contemplaba,
Y à España no volver jamas juraba.
A Juan de Oyolas hubo despachado
Don Pedro el rio arriba, porque asombre
Al indio. Va con èl un buen soldado,
Llamado Salazar, valiente y hombre.
Don Pedro en este tiempo hubo enfermado
Del morbo, que de Galia tiene nombre:
Con miedo de morirse en aquel rio,
A Castilla se vuelve en un navío.
Volvia, pues, D. Pedro en su viage
A España sin haber puerto tomado:
Empero á vueltas ya de aquel parage,
Que llaman las Terceras, ha acabado.
Asì no gozó bien ni su linage,
El tesoro que en Roma habia pillado.
Dichoso el que atesora allá en el cielo,
Que es burla atesorar acà en el suelo.
Quedò por Capitan y por Teniente,
Y en muerte sucesor de aquella tierra,
Oyolas, que fué arriba con la gente:
Acà Francisco Ruiz hace la guerra
En Buenos Aires, y anda diligente,
Mas poco le aprovecha, que la perra
Pestífera cruel hambre canina,
A todos abandona y los arruina.
La gente ya comienza à enflaquecerse,
Las raciones se acortan cada dia,
No puede el padre al hijo socorrerse,
Que cada cual su muerte mas temia;
Y aunque es muy natural el condolerse,
Y cada cual del otro se dolia,
Empero mas su vida procuraba,
Y caridad de sì la comenzaba.
Un hecho horrendo, digo lastimoso,
Aquì sucede: estaban dos hermanos;
De hambre el uno muere, y el rabioso
Que vivo està, le saca los livianos
Y bofes y asadura, y muy gozoso
Los cuece en una olla por sus manos,
Y còmelos; y cuerpo se comiera,
Si la muerte del muerto se encubriera.
Comienzan à morir todos rabiando,
Los rostros y los ojos consumidos:
A los niños que mueren sollozando
Las madres les responden con gemidos.
El pueblo sin ventura lamentando,
A Dios envia suspiros doloridos:
Gritan viejos y mozos, damas bellas,
Perturban con clamores las estrellas.
Es hambre enfermedad la mas rabiosa
Que puede imaginar ningún cristiano:
La mano està temblando temerosa,
No quisiera de tal ser escribano.
Mi Dios, por vuestra sangre tan preciosa,
Libradme de este azote, que el tirano
Que llegaba à tentaros, bien sabia
Que es grave mal la hambre en demasia.
Fuè cierto celebrada allí su saña,
De aquesta matadora sin medida,
Con tanta crueldad y tan estraña,
Que no podrá de alguno ser creida,
No hizo ella jamàs tal otra hazaña
En Roma, ni en Judea referida,
Como esta: de dos mil que se contaron,
Con la vida doscientos no escaparon.
No quiero referir estrañas cosas
Causadas de esta perra y vil tirana,
Que bien pudiera yo muy dolorosas.
Una muger habia, llamada Ana,
Entre otras damas bellas y hermosas;
Tomò paga del cuerpo una mañana,
Forzada de la hambre, y hecha iguala,
Al pretensor envia en hora mala.
Era el galan pretenso un marinero,
El precio una cabeza de pescado;
Acude à la posada muy ligero,
Y viendo que la Dama le ha burlado,
Al capitan Ruiz, buen justiciero,
De la dama se habia querellado;
El cual juzga que cumpla el prometido,
O vuelva lo que tiene recibido.
Maldito seas, juez, si no quisieras
Mirar á nuestro Dios omnipotente,
Y de esto à buen juzgar te conmovieras,
Y à quitar el pecado subsecuente
Por evitar la muerte, lo hicieras.
Que claro està que el casto y continente
Mejor pasa la hambre que el vicioso,
Y dado al vicio y acto lujurioso.
Sabemos, semejante á esta bajeza,
Que causa otras dos mil esta traidora,
Que aunque dice el refran, que no es vileza,
Y ser con nuestro Dios merecedora
Creemos la virtud de la pobreza:[48]
Sin su favor la perra es causadora,
De hambre, que es un mal tan sin medida,
Que darà el padre al hijo por la vida.
Mas volvamos á Oyolas y su gente,
Que sube el rio arriba muy gozoso.
El puerto Paraguay, que es al presente,
Hallaron del caribe belicoso.
Poblado estaba aquì el fuerte y valiente,
Yanduazubì, en la tierra poderoso
Capitan, y cabeza que regía,
Y toda la comarca le temia.
Aqueste fuè en favor de los cristianos,
Y hizo à Salazar que allí poblase.
Oyolas pasò el rio y los pantanos,
Diciendo á Salazar que le aguardase.
Llegó donde hinchó muy bien las manos,
Mas Dios no fué servido que tornase;
Que Salazar no cumple el prometido,
Por dó el pobre de Oyolas se ha perdido.
El Paraguay arriba poco trecho
Habia Juan de Oyolas navegado;
Saltó en tierra, y camina bien derecho
La vuelta del Perú, y bien cargado
De plata, y à su gusto satisfecho,
Volvió dò à Salazar habia dejado
Con barcos y navios esperando,
En tanto que la tierra iba talando.
Salazar como viese que tardaba,
Bajóse al Paraguay dó ya dijimos,
El gran Yanduazubi-Rubicha estaba[49]
Con el gran Lambaré; y entrambos primos
Le dicen, de lo cual mucho gustaba,
"En tanto que nosotros dos vivimos,
Ayuda te daremos como à hermano,
A tí y todo nombre de cristiano."
En esto vuelve Oyolas diligente
Con plata, mas no halla los navios.
El hecho viendo el indio derrepente,
La carga de la plata deja y lios,
Y acude contra Oyolas y su gente:
No puede escabullirse, que los ríos
Estan delante de él, y asì murieron
El pobre, y los demas que con él fueron.
Los indios, que esta gente aquí mataron,
Payaguaes se dicen, belicosos:
A muchos en mi tiempo cautivaron,
Y yo tambien lo fuì de estos furiosos.
Salazar, y los otros que bajaron
Poblaron en el puerto muy gozosos.
Las familias aumentan con sus hijos,
Y se entregan à dulces regocijos.
El guaranì se huelga en gran manera
De verse emparentar con los cristianos:
A cada cual le dan su compañera
Los padres, y parìentes mas cercanos.
¡O lástima de ver muy lastimera,
Que de aquestas mancebas los hermanos,
A todos los que estan amancebados,
Les llaman hoy en dia sus cuñados.
A tal tèrmino llega aquesta cosa,
Que cada cual vivia à su albedrio;
Aquel que india tenia mas hermosa,
Se juzga por mejor, y de mas brio.
Y en siendole la india enfadosa
Libello de repudio con desvio
Concede, y toma á otra mazacára,
Que manceba la llama á la clara.
Mazacàra es un pece muy sabroso,
Y tanto que los indios cosa rica
Le dicen, por ser pece tan gustoso;
Y el nombre de este pece el indio aplica
Al amiga que tiene, deseoso
De siempre la gozar, que significa
Mazacàra la cosa que es amada,
Que no enfada por ser muy estimada.
No habia en este caso alguna enmienda,
Por ser en general costumbre mala,
Que aquel que convenia poner la rienda,
Sin guarda de excepcion todo lo tala;
Aprenden de la escuela y de la tienda
En esto los demas todos de Irala;
Que aunque era en muchas cosas concertado,
En esto de la carne desfrenado.
Y el mal era mayor y mas crecido:
Que los gobernadores se han jactado
De tener mazacàras; y ha venido
A terminos la cosa, que tratado
Con ellas han, é hijos han tenido
En público, y por suyos los han criado.
¡Ved los pequeños tal que documento
Habian de tomar de tal descuento!
Cuanto convenga en tierra, cuando es nueva,
Sembrar buena semilla, labradores,
Era en los principios à dar prueba
De virtud y bondad, predicadores.
El dicho del poeta lo comprueba;
Que el vaso en que una vez echan licores
Guarda bìen el sabor siendo reciente:
Así ni mas ni menos es la gente.
Estando pues el pueblo muy ufano
Al gusto, y paladar de su medida,
Juzgaron por consejo bueno y sano
A Irala obedecer toda su vida.
Sobre esto muchos dicen ser tirano:
Serà bien esta cosa conocida.
De todo aquel curioso que leyere,
El canto que tras este se siguiere.
Que yo no he de juzgar aquì sus hechos,
Decir lo bueno y malo me conviene.
Confieso que hizo Irala mil provechos,[50]
Por dó en aquella tierra fama tiene.
Algunos perseguidos y deshechos
Por él fueron, y quiera Dios no pene
En pago de sus culpas, y los males
Que hizo á Diego de Abreu y leales.
Mandando, pues, la tierra como digo
Irala, y Buenos Aires despoblado,[51]
Cesado habia la hambre, y mucho trigo
Tenian, y otras cosas que han sembrado.
A la Asumpcion se suben al abrigo,
Los unos y los otros se han juntado:
Que la virtud estando bien unida
Mas fuerte vemos que es que desparcida.
Estando así, cualquiera procuraba
Hacer casas, estancias y hacienda:
Y aunque la dulce España deseaba,
Y mas el que tenia alguna prenda,
El imposible visto, trabajaba
Cualquiera, por no haber plaza ni tienda:
Por donde todos eran labradores,
Monteros, hortelanos, pescadores.
D. Carlos V. en esto ha proveido
Por su Gobernador y Adelantado,
A Cabeza de Vaca, que ha salido
De allá de la Florida, donde ha estado
Cautivo de los indios, y metido
La tierra adentro à fuerza de su grado.
Diremos de èl despues, en entretanto
Cesemos hasta ver el quinto canto.