En las nubes retumba despeñado
El carro del Señor y de sus ruedas
Brota el rayo veloz, se precipita,
Hiere y aterra el delincuente suelo
Y su lívida luz inunda el cielo...
¡Sublime tempestad! ¡Cómo en tu seno,
De tu solemne inspiración henchido
Al mundo vil y miserable olvido
Y alzo la frente de delicias lleno!
¿Do está el alma cobarde