Un pueblo tan grande, civilizado y culto como el pueblo francés, parece haber perdonado á Thiers sus carnicerías humanas porque cree que con ellas fundó la República y aseguró la paz. Las víctimas de Artigas y de sus hordas, aumentadas con las de Rivas y todos los tiranos de América, no sumarán la horrible cifra de 40,000 personas sacrificadas en Francia la semana terrible.

Dejamos, pues, á la posteridad la sentencia definitiva, el juicio final sobre Artigas y su tiempo.


FREIRE

Esta figura chilena bien merecería más extensión de la que aquí podemos consagrarle. Soldado, corsario, hombre político, es uno de los héroes de la independencia y uno de los caudillos del partido liberal que más han figurado en las contiendas de Chile.

Nació en Santiago en los últimos años del siglo XVIII, pasó la niñez en Concepción y tomó las armas en clase de cadete en 1811. En la épica lucha de Rancagua era capitán de los dragones chilenos. Después de aquel desastre, en el cual pudieron decir los combatientes de la libertad como Francisco I en los campos de Pavía, que «todo lo habían perdido menos el honor», emigró á la Argentina como la mayoría de sus camaradas. Pero su ardimiento no le permitía esperar con calma la llegada de mejores tiempos. Si otros compañeros suyos permanecieron emigrados desde 1814 hasta 1817, él no tuvo paciencia para aguardar tranquilo á que San Martín organizara su célebre expedición. Mientras llegaba la hora de disputar á los realistas el dominio de la tierra, creyó que podía con más fortuna disputarles la posesión del mar. Al efecto se alistó como simple corsario á las órdenes de un marino tan acreditado como Brown, y éste le confirió el mando de las fuerzas de desembarco que llevaba en sus expediciones. Esta campaña marítima fué gloriosa para Freire, que supo ganar laureles en algunos desembarcos.

En 1816, cuando supo que San Martín organizaba en Cuyo la expedición destinada á libertar á Chile, se presentó al general argentino pidiéndole un fusil para combatir como soldado. San Martín, que conocía por su fama al oficial chileno, le confió la misión de penetrar en su país por la cordillera de Talca, empresa que realizó con tanta fortuna como valentía. Con cien hombres tomó posesión de Talca derrotando al destacamento que la guarnecía.

Las fuerzas expedicionarias que salvando la cordillera andina cayeron como un torrente sobre los chilenos valles, venciendo á los españoles en Chacabuco y Maipú, tuvieron en el esforzado Freire uno de los más activos auxiliares. No solo distrajo la atención de los realistas por la parte de Talca, sino que más tarde batió completamente al feroz guerrillero Benavides á las puertas de Concepción. Esta victoria le valió una inmensa popularidad y la subida al poder cuando cayó para siempre el general O'Higgins, de quien era adversario.

Los españoles, entre tanto, si vencidos en el continente, mantenían enhiesto su pabellón en Chiloé. Freire los atacó en sus últimos baluartes, dando término á la obra de la independencia con una victoria más. En toda América se mostraron los españoles dignos de su raza: vencidos, abandonados por la metrópoli, sin esperanza de socorro alguno, lucharon con los vestigios de sus hambrientos ejércitos hasta quemar el último cartucho. Las guarniciones de Veracruz, del Callao y de Chiloé dejaron bien puesto el glorioso nombre de su patria, legando á sus descendientes en las nuevas naciones republicanas y libres, el ejemplo de su abnegación al sacrificarse en aras del deber.