— ¿Quién es ese tonel? —dijo el cura.

— Éste es —respondió el barbero— Don Olivante de Laura.

— El autor de ese libro —dijo el cura— fue el mesmo que compuso a Jardín de flores; y en verdad que no sepa determinar cuál de los dos libros es más verdadero, o, por decir mejor, menos mentiroso; sólo sé decir que éste irá al corral por disparatado y arrogante.

— Éste que se sigue es Florimorte de Hircania —dijo el barbero.

— ¿Ahí está el señor Florimorte? —replicó el cura—. Pues a fe que ha de parar presto en el corral, a pesar de su estraño nacimiento y sonadas aventuras; que no da lugar a otra cosa la dureza y sequedad de su estilo. Al corral con él y con esotro, señora ama.

— Que me place, señor mío —respondía ella; y con mucha alegría ejecutaba lo que le era mandado.

— Éste es El Caballero Platir —dijo el barbero.

— Antiguo libro es éste —dijo el cura—, y no hallo en él cosa que merezca venia. Acompañe a los demás sin réplica.

Y así fue hecho. Abrióse otro libro y vieron que tenía por título El Caballero de la Cruz.

— Por nombre tan santo como este libro tiene, se podía perdonar su ignorancia; mas también se suele decir: "tras la cruz está el diablo"; vaya al fuego.