A lo que el mozo respondió:

— Señor, por escusar de responder a las muchas preguntas que las justicias hacen.

— ¿Qué oficio tienes?

— Tejedor.

— ¿Y qué tejes?

— Hierros de lanzas, con licencia buena de vuestra merced.

— ¿Graciosico me sois? ¿De chocarrero os picáis? ¡Está bien! Y ¿adónde íbades ahora?

— Señor, a tomar el aire.

— Y ¿adónde se toma el aire en esta ínsula?

— Adonde sopla.