¿Pues no quieren vuestras mercedes que llame leño á una estátua, que no tiene mas acciones que un madero?
MARIANA.
Ésta y yo nos quejamos sin duda de un mismo agravio.
GUIOMAR.
Digo en fin, señor mio, que á mí me casaron con este hombre, ya que quiere vuestra merced que asi lo llame; pero no es este hombre con quien yo me casé.
JUEZ.
¿Cómo es eso? que no os entiendo.
GUIOMAR.
Quiero decir, que pensé que me casaba con un hombre moliente y corriente, y á pocos dias hallé que me habia casado con un leño, como tengo dicho; porque él no sabe cuál es su mano derecha, ni busca medios ni trazas para grangear un real con que ayude á sustentar su casa y familia. Las mañanas se le pasan en oir misa, y en estarse en la puerta de Guadalajara murmurando, sabiendo nuevas, diciendo y echando mentiras; y las tardes, y aun las mañanas tambien, se va de casa en casa de juego, y allí sirve de número[9] á los mirones, que segun he oido decir, es un género de gente á quien aborrecen en todo estremo los garitos. Á las dos de la tarde viene á comer, sin que le hayan dado un real de barato, porque ya no se usa el darlo: vuélvese á ir: vuelve á media noche: cena, si lo halla, y si no, santíguase, bosteza y acuéstase; y en toda la noche no sosiega, dando vueltas. Pregúntole ¿qué tiene? Respóndeme, que está haciendo un soneto en la memoria para un amigo que se le ha pedido; y da en ser poeta, como si fuese oficio con quien no estuviese vinculada la necesidad del mundo.
SOLDADO.