SOLDADO.

¿Pues sabe cuánto le va, señor dulce, que me la ha de entregar luego, luego, ó no ha de atravesar las umbrales de su casa?

AMO.

¡Hay tal disparate! ¿y quién ha de ser bastante para quitarme que no entre en mi casa?

Vuelve el sota-sacristan Pasillas, armado con un tapador de tinaja y una espada muy mohosa: viene con él otro sacristan, con un morrion, y una vara ó palo, atado á él un rabo de zorra.

SACRISTAN.

Ea, amigo Grajales, que este es el turbador de mi sosiego.

GRAJALES.

No me pesa sino que traigo las armas endebles y algo tiernas, que ya le hubiera despachado al otro mundo á toda diligencia.

AMO.