SOLDADO.

¿Han visto la desvergüenza de este bellaco, que me viene á hacer cocos con un rabo de zorra, no habiéndome espantado ni atemorizado tiros mayores que el de Dio, que está en Lisboa?

Salen Cristina y su señora.

ELLA.

¡Ay, marido mio! ¿Estais por desgracia herido, bien de mi alma?

CRISTINA.

¡Ay, desdichada de mí! por el siglo de mi padre, que son los de la pendencia mi sacristan y mi soldado.

SOLDADO.

Aun bien que voy á la parte con el sacristan, que tambien dijo mi soldado.

AMO.