Miradlo bien, doña Lorenza.

LORENZA.

Digo que hablaba con Cristinica: ¿con quién habia de hablar? ¿Tengo yo, por ventura, con quién?

CAÑIZARES.

No querria que tuviésedes algun soliloquio con vos misma, que redundase en mi perjuicio.

LORENZA.

Ni entiendo esos circunloquios que decís, ni aun los quiero entender; y tengamos la fiesta en paz.

CAÑIZARES.

Ni aun las vísperas no querria yo tener en guerra con vos: ¿pero quién llama á aquella puerta con tanta priesa? Mira, Cristinica, quién es; y si es pobre, dale limosna y despídele.

CRISTINA.