No, sobrina; pero otra vez vendrá, si quiere Hortigosa la vecina.

CAÑIZARES.

Lorenza, dí lo que quisieres; pero no tomes en tu boca el nombre de vecina, que me tiemblan las carnes en oirle.

LORENZA.

Tambien me tiemblan á mí por amor de la vecina.

CRISTINA.

¡Jesus, y qué locuras, y qué niñerías!

LORENZA.

Ahora echo de ver quién eres, viejo maldito, que hasta aquí he vivido engañada contigo.

CRISTINA.