PAISANO.
Seor Alcaide, que todos hurtamos, todos entendemos de la manifatura, estender la cerra, y meter el dinero en la faltriquera, y decir: «No hay para qué[42].»
ALCAIDE.
¿Qué es esto, Barragan? ¿Ya tomais vos las mañas del Paisano?
BARRAGAN.
Á lo menos, no dirá voacé, seor Alcaide, que no hay en la cárcel hombre mas pacífico que yo y el señor Paisano.
ALCAIDE.
Pues sois la principal causa de la pendencia, ¿y decís eso?
PAISANO.
Calle, seor Alcaide, que no sabe nada, aunque perdone: ésta no era pendencia, era un juguete y una manera de retozo; déme voacé, que ésta fuera pendencia redomada, que en entendiéndolo los dos cónsules que estamos aquí, no hubiera cirujano en Sevilla que no estuviera en la cárcel ocupado, devanando tripas y remendando asaduras.