PAISANO.
Hoios, bujarras; no me esteis ladrando á las orejas.
ALCAIDE.
Salíos allá fuera noramala.
PAISANO.
Beltrana, no me digas nada. El alma te encargo, pues el cuerpo te ha servido en tantas ocasiones; y una de tus amigas (no lo hagas tú por el escándalo que puede haber), cuando estuviere ahorcado, me limpiará el rostro, porque no quede feo como otros probetos. Y me traerás un cuello almidonado y mas de la marca, y advierto, con bolo y puntas, y todo negocio; que quiero ver, antes que deste mundo vaya, quién hace esta denunciacion.
BELTRANA.
Aun hasta en la muerte fue limpio mi amor; yo apostaré que no ha habido mejor ahorcado en el mundo.
TORBELLINA.
¡Oh, qué de envidiosos ha de haber!